Saltar al contenido

Tu marca, nuestra plataforma.
Programa de partners Digisini.

Instaladores AV, integradores, MSP y agencias de marketing: gestiona la cartelería digital de tus clientes con tu propia marca, panel co-branded y soporte directo. Sin desarrollar plataforma propia.

Solicitar acceso

¿Por qué ser partner?

Ofrece señalización digital como servicio a tus clientes existentes, sin operar infraestructura ni cargar con incidencias técnicas.

€

Ingresos recurrentes

Cobras a tus clientes con tu propia tarifa. Nosotros te facturamos a tarifa partner y tú gestionas el resto. Margen sano desde el primer cliente.

★

Branding propio

Logo, nombre comercial, color corporativo, email de soporte. Tus clientes solo ven tu marca; "Powered by Digisini" se mantiene en una franja discreta como en cualquier plataforma B2B SaaS.

⚡

Cero infra

Sin servidores, sin certificados, sin pipeline de despliegue. Nosotros nos encargamos del backend, CDN, monitorización y actualizaciones. Tú te concentras en vender y dar servicio.

⚙

Multi-cliente nativo

Un panel maestro donde ves todas tus organizaciones cliente. Soporte multi-sede, sub-roles por sede (owner/manager/viewer), invitar usuarios, gestión de pantallas.

↗

Onboarding rápido

El cliente final se da de alta, conecta su pantalla escaneando un QR, y empieza a publicar. Sin instalador in-situ obligatorio para casos sencillos. Plantillas por vertical incluidas.

♻

Soporte escalado

Si el cliente del partner abre un ticket, va a ti primero. Si necesitas escalar, tienes vía directa a nuestro equipo. Sin pisar tu relación comercial.

¿Cómo funciona?

Cuatro pasos desde el primer contacto hasta tener clientes operativos bajo tu marca.

1

Solicita acceso

Rellena el formulario abajo. Te contactamos en 48h con condiciones del programa.

2

Configura tu marca

Subes logo, eliges colores, dominio personalizado opcional. Provisionamos tu organización root.

3

Onboarding clientes

Creas organizaciones hijo desde tu panel. Cada cliente ve tu marca, no la nuestra.

4

Escalas

Añades clientes, sedes y pantallas con un par de clics. Facturación unificada, soporte de primera línea bajo tu control.

¿Es para ti?

El programa está pensado para perfiles que ya venden tecnología a PYMES y quieren añadir señalización digital sin construir plataforma.

Instaladores AV

Si ya colocas pantallas en restaurantes, gimnasios o clínicas, añade la capa software con tu marca.

Integradores tecnológicos

MSP, IT generalistas, empresas de cableado. Cartelería digital como up-sell natural sobre lo que ya cobras.

Agencias de marketing

Diseño + contenido + canal de distribución bajo tu marca. Plantillas semanales para retail, hostelería, dental.

Hazte partner

Cuéntanos quién eres y qué clientes manejas. Respondemos en 48h.

Sin hardware caroListo en 5 minutosLo gestionas desde el móvilMulti-pantallaSoporte humanoPlan gratis para siempreSin instaladoresCancela cuando quieras

¿Ya eres partner? Guía de primeros pasos →

Hay tres clientes
a los que sale más a cuenta no vendérselo

Un programa de partners siempre está escrito para que digas que sí. Conviene tener escrito lo contrario, porque los clientes de esta lista consumen el mismo trabajo que uno bueno y dejan una décima parte —y el que se da cuenta tarde suele hacerlo cuando ya tiene quince.

Los tres se reconocen en la primera conversación:

  • El de una pantalla que quiere gestionarla él. El montaje cuesta lo mismo que el de diez, el ingreso recurrente no existe y las llamadas sí. Ese cliente está mejor comprando directo, y decírselo te devuelve una recomendación.
  • El que no tiene quién lo actualice. Si en la reunión nadie sabe responder quién va a cambiar el contenido los martes, la pantalla estará igual en marzo. La baja llega sola y con mal recuerdo.
  • El que ya lo intentó y le fue mal. Merece la pena, pero no como cliente normal: hay que averiguar antes qué falló, porque si fue el hábito y no la herramienta, va a volver a fallar contigo.

La contrapartida es igual de concreta, y es donde está el negocio: el cliente bueno es el que tiene varios sitios y una persona distinta en cada uno. Ahí el valor no es la pantalla, es que alguien mantenga el orden entre sedes — y eso no lo hace la herramienta sola.

Hay un cuarto caso que no es malo sino distinto, y confundirlo cuesta dinero: el cliente que quiere probar. No hay que venderle un contrato, hay que ponerle una pantalla en el sitio con más paso y volver en un mes. Si en ese mes la ha cambiado dos veces, es cliente; si no la ha tocado, te acabas de ahorrar dos años de soporte.

Antes de firmar, pregunta quién va a cambiar el contenido y qué día. Si no hay nombre y no hay día, no es un cliente pequeño: es una baja con retraso.

Casi todos los problemas de un partner
vienen de una lista que nadie escribió: qué entra en la cuota y qué se cobra aparte

Un acuerdo de mantenimiento se firma con dos ideas distintas en la cabeza. El cliente piensa «que funcione»; el partner piensa «lo que yo instalé». En medio queda una franja enorme —el aparato que se estropea, el wifi del local, el contenido que hay que rehacer— y esa franja se discute cada vez que pasa algo.

Las cuatro fronteras que conviene escribir antes, no después:

  • El hardware. Si un reproductor se estropea a los catorce meses, ¿lo repone la cuota o se factura? Es el caso más frecuente y el peor de improvisar.
  • La red del local. Casi ninguna avería es del software y casi todas se llaman igual. Decir que la conexión es del cliente evita ir gratis a reiniciar un router.
  • El contenido. Cambiar un precio, sí. Rediseñar la carta entera, no. Sin esa línea, la cuota se convierte en una agencia de diseño con precio de mantenimiento.
  • Y el tiempo de respuesta. Un plazo escrito protege a los dos: al cliente de la incertidumbre y al partner de la llamada del domingo.

Lo importante no es dónde se pone cada línea —cada uno la pone donde quiera— sino que esté puesta. Un acuerdo generoso y explícito desgasta menos que uno estricto y ambiguo, porque lo que quema una relación no es pagar: es discutir cada vez si toca pagar.

Hay una consecuencia comercial que compensa el rato de escribirlo: lo que queda fuera es catálogo. Una lista clara de lo no incluido, con su precio, deja de ser una negativa y pasa a ser un servicio adicional que el cliente puede pedir — y varios lo piden.

Escribe en media hoja las cuatro fronteras y mándala con el primer presupuesto. Es la media hora que más discusiones ahorra de todo el año.

Escala por kilómetros
y el techo lo pone el coche

Es un negocio recurrente que se cobra por internet y se sostiene yendo, y esas dos cosas no crecen al mismo ritmo.

Cada cliente hay que poder atenderlo yendo, aunque sea una vez al año. La mayoría de las veces no hará falta, y justo por eso se planifica mal: se acepta el cliente pensando en el mes bueno, en el que no pasa nada. El techo real no es comercial ni tiene que ver con cuántos contratos puedes firmar — lo pone el mapa, y aparece el día que coinciden dos avisos en dos sitios opuestos.

La cuenta útil no es cuántos clientes quieres: es cuántos caben en media hora de coche. Veinte pantallas dentro de un radio de diez kilómetros son un negocio con margen y con mañanas libres. Las mismas veinte repartidas en ciento cincuenta kilómetros son un coche, un depósito de gasolina y ningún margen. El ingreso es idéntico en las dos columnas y el trabajo no se parece en nada.

Y eso cambia a quién conviene decir que no. El cliente lejano que paga bien parece la mejor operación del mes, y es la que más días va a costar durante dos años. Conviene tener la línea dibujada antes de que llame: dicho de antemano —«trabajo en esta zona»— es una forma de trabajar y da confianza; dicho después de que te haya llamado suena a excusa y se pierde igual la recomendación.

Con franqueza: nada de esto lo resuelve el programa, y no hay comisión que compense un desplazamiento mal calculado. La herramienta quita las visitas que eran sólo para cambiar un cartel, que son muchas — pero las que quedan, quedan.