Del alta al primer cliente,
paso a paso.
Ya tienes tu cuenta partner. Esta es la ruta corta: configuras tu marca una vez, das de alta a cada cliente en un minuto y emparejas su pantalla con un PIN. Sin tocar servidores ni esperar a nadie.
Abrir mi panelSeis pasos, una tarde
Haz el paso 1 una sola vez. Los pasos 2 a 6 los repites por cada cliente nuevo, y cada vez tardas menos.
Pon tu marca
Antes de dar de alta a nadie, deja la plataforma con tu cara. Lo configuras una vez y lo heredan todos tus clientes automáticamente.
- Sube tu logo y elige tu color corporativo
- Pon el nombre comercial que verán tus clientes y tu email de soporte
- Añade una nota de pie ("Distribuido por…") si quieres
Marca / White-label · disponible en plan Network y Enterprise
Crea la cuenta de tu cliente
Cada cliente es una cuenta propia que cuelga de la tuya. En el panel las verás como "locales": una por cliente, o una por sede si el cliente tiene varias.
- Pulsa "Añadir local" y pon el nombre del cliente
- Indica zona horaria y país si difieren de los tuyos
- La cuenta nueva hereda tu plan y tu marca al instante, sin coste extra
Mis locales → Añadir local
Entra en su cuenta cuando lo necesites
No hace falta que el cliente te dé contraseñas. Desde tu panel entras en cualquiera de sus cuentas con un clic, montas su contenido y sales.
- Pulsa "Acceder" en la ficha del cliente
- Se abre su panel en una pestaña nueva, con tu marca
- La sesión caduca sola a los 60 minutos: ni cuelgas sesiones ni dejas puertas abiertas
Mis locales → Acceder
Invita a su equipo y reparte permisos
Si el cliente quiere gestionar él mismo, invita a su gente con el rol justo. Nadie ve más de lo que le toca.
- Admin: gestiona toda la cuenta. Diseñador: crea y edita contenido. Miembro: solo mira.
- Si el cliente tiene varias sedes, asigna permisos por sede: responsable, encargado o solo lectura
- Cada invitado recibe un email para poner su contraseña; el enlace vale 7 días
Ajustes / Usuarios → Invitar
Da de alta las pantallas
Dentro de la cuenta del cliente, crea una pantalla por cada sitio donde habrá una TV. Cada pantalla nace con un PIN de 6 dígitos.
- Pulsa "Añadir pantalla" y ponle un nombre claro ("Barra", "Escaparate", "Sala de espera")
- Apunta el PIN que te da: lo necesitas en el paso 6
- Asigna la pantalla a una sede si el cliente tiene varias
Pantallas → Añadir pantalla
Empareja la pantalla con el PIN
Esto se hace ya en el sitio del cliente, delante de la tele. Funciona en cualquier Android TV, caja Android o navegador: no hace falta hardware especial.
- Abre player.digisini.com (o la app del player) en la pantalla
- Escribe el PIN de 6 dígitos del paso 5
- La pantalla se empareja sola y empieza a mostrar el contenido, con tu marca en el arranque
player.digisini.com
¿Y la facturación?
Tú pagas una sola suscripción Network o Enterprise. Las cuentas de tus clientes cuelgan de la tuya y no pagan nada a Digisini: heredan tu plan.
A tu cliente le facturas tú, con tu tarifa y tu factura. Digisini no se mete entre tu cliente y tú: cobras lo que quieras, cuando quieras, por el canal que ya usas. No hay reparto de comisiones ni pasarela intermedia.
Resumen: un recibo te llega a ti cada mes; el resto del margen es tuyo.
Dudas rápidas
Lo que más nos preguntan los partners en la primera semana.
¿Mi cliente sabe que detrás está Digisini?
Ve tu marca en todo: nombre, logo, color y email de soporte. Se mantiene una franja discreta "Powered by Digisini" en el pie, como en cualquier SaaS B2B con marca blanca. Tu relación comercial es tuya.
¿Cuántos clientes puedo tener?
En Network y Enterprise no hay tope práctico de cuentas hijo. Añades clientes, sedes y pantallas desde tu panel sin pedirnos permiso ni esperar aprobaciones.
¿Tengo que instalar algo en cada pantalla?
No. El player corre en el navegador o como app en cualquier Android TV o caja Android barata. Emparejas con el PIN y listo. Solo necesitas un instalador in-situ si el sitio del cliente lo requiere por otros motivos (montaje, cableado).
Si cambio mi logo o color, ¿se actualiza en todos mis clientes?
Sí. Tus clientes heredan tu marca, así que cualquier cambio que hagas en "Marca" se refleja en todas sus cuentas la próxima vez que cargan el panel. No tienes que tocar cuenta por cuenta.
¿Qué pasa si un cliente abre una incidencia?
Te llega a ti primero, porque la marca de soporte es la tuya. Si necesitas escalar algo técnico, tienes vía directa con nuestro equipo. No pisamos tu relación con el cliente.
¿Listo para tu primer cliente?
Abre el panel y haz el paso 1. En cuanto tengas tu marca puesta, dar de alta clientes es cuestión de minutos.
Abrir mi panel Escríbenos si te atascasMontarlo es una tarde
decidir qué pone dentro no lo es — y ese trabajo acaba en tu mesa si no lo colocas antes
El cliente entiende que instales y configures. Lo que casi nunca ha pensado es quién escribe los textos, elige las fotos y decide en qué orden va todo. Cuando descubre que eso también hay que hacerlo, la pregunta llega en forma de favor: «ya que estás, ¿me lo dejas puesto?». Y ahí se decide si tienes un servicio o una obligación.
Tres formas de resolverlo, y lo que cada una implica para ti:
- Contenido inicial incluido, cambios no. Es la más limpia: dejas la primera versión completa y a partir de ahí se cobra. El cliente arranca con algo digno y sabe dónde está la línea.
- Contenido como servicio aparte, con un número de cambios al mes. Da ingreso recurrente y exige método, porque el cliente que paga por cambios los pide.
- Nada de contenido, y una plantilla que se rellene sola. Menos ingreso y menos ataduras. Funciona si dejas la estructura hecha de verdad, no si dejas cajas vacías.
El error caro no es elegir mal, es no elegir: el trabajo de contenido no desaparece, solo cambia de dueño en silencio. Y suele hacerlo a tu favor durante un mes y en tu contra durante dos años, porque un cliente acostumbrado a que se lo hagas gratis no vuelve a pagarlo.
Hay además un dato práctico que conviene medir desde el primer cliente: cuánto tardas de verdad en dejar el contenido inicial. Casi siempre son dos o tres horas, no veinte minutos, y esa diferencia es exactamente la que decide si el precio que pusiste tiene sentido.
En el próximo presupuesto escribe una línea: qué contenido entra y cuántos cambios al mes. Es la frase que evita la conversación incómoda del tercer mes.
Vas a coger el teléfono igual,
así que la pregunta no es si cobrarlo
Las llamadas llegan haya contrato o no: la pantalla en negro un sábado, el precio que hay que cambiar, la promoción de Navidad. Nadie decide entre atender y no atender — se decide entre atender cobrando y atender gratis, y la segunda opción se toma por omisión.
La cifra que sí se paga es pequeña y va por pantalla
Un comerciante que paga nueve euros al mes por el software no parpadea con diez o quince más «para que esto funcione», y en cambio dice que no a un contrato de mantenimiento de trescientos al año. Es el mismo dinero con otra forma, y la forma importa más que el importe: una cuota pequeña entra en la misma casilla mental que la luz o el datáfono, y un contrato anual entra en la casilla de las decisiones. Solo una de las dos se firma sin pensarlo.
Sin tres líneas de qué incluye, la cancelas tú
Una cuota sin límite escrito se convierte en disponibilidad infinita, y a los seis meses el que quiere salirse eres tú. Tres líneas bastan: cuántos cambios remotos al mes, teléfono en horario laboral, y una visita al año. Y lo que no entra — equipo nuevo, una segunda pantalla, diseñar contenido — porque eso es trabajo aparte y se cobra aparte. Escribirlo no es ponerse duro: es lo único que hace que la cuota sobreviva al primer mes movido.
El que paga una cuota te avisa antes
Es el efecto que no se busca y acaba siendo el más valioso. Un cliente sin cuota deja la pantalla apagada tres semanas porque llamar le parece pedir un favor, y cuando por fin llama ya ha decidido que «esto no funcionaba». El que paga avisa el mismo día, sin disculparse, y el problema se arregla en veinte minutos por teléfono. La cuota mejora justo aquello por lo que se cobra, que es la clase de servicio que se renueva solo.
Y cómo se propone sin que suene a extra
No al final, cuando ya está todo montado y parece que aparece una factura nueva. Va en el presupuesto inicial, en la misma hoja y con el mismo tipo de letra que la instalación, como una línea más y no como una opción marcada. Quien no la quiera lo dirá, y entonces ya sabes de qué cliente se trata — y es una información que también vale, porque es exactamente el cliente al que no conviene bajarle el precio de la instalación.
Quince negocios dependen
de que tú cojas el teléfono
Un proveedor grande tiene a quién pasarle la llamada en agosto. Trabajando solo, eso no existe, y conviene saber qué significa antes de tener quince clientes.
Faltar no es el problema: el problema es que no pueda entrar nadie más. Dos semanas de vacaciones no rompen nada por sí solas — la mayoría de los meses no pasa nada y las pantallas siguen solas. Lo que convierte eso en un riesgo es que las cuentas estén a tu nombre y las contraseñas en tu cabeza. Entonces una gripe tuya es un problema operativo de un negocio que no tiene nada que ver contigo.
Y el cliente lo nota antes de decírtelo. No suele haber una queja. Hay una pregunta suelta —«y si un día no estás, ¿esto quién lo lleva?»— que se hace una vez, se contesta de pasada y no se vuelve a mencionar. Pero esa pregunta ya se la ha hecho, y vuelve sola el día de la renovación, cuando además hay un precio delante.
La solución no es documentación, es propiedad. Que cada cliente tenga su cuenta desde el primer día, a su nombre, con la gestión delegada en ti. Parece que te quita poder y hace justo lo contrario: te deja irte dos semanas sin que nadie dependa de tu móvil, y le da al cliente una respuesta a la pregunta que ya se hizo. Un cliente que sabe que no depende de una sola persona renueva más tranquilo — y sigue llamándote a ti, porque lo que te compra es que no tenga que ocuparse.
Con franqueza: esto se decide en el primer cliente o no se decide. Cambiar la titularidad de quince cuentas cuando ya están montadas es un trabajo de una semana que nadie te paga, y por eso casi nunca se hace.