Cartelería digital
en Chile
Cobertura Chile: Santiago (capital, Sanhattan/Las Condes hub corporativo). Soporte español, conversión EUR/CLP. Próxima expansión: Viña del Mar, Valparaíso.
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Cartelería digital en la nube
Dónde estamos
en Chile
Santiago
Almuerzo ejecutivo con ventana corta y comercio de barrio: la pantalla trabaja fuerte entre la una y las tres. Ver ciudad →
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El plan está en euros
y llega convertido a pesos
Lo del cobro se resuelve en un párrafo. Lo que de verdad hay que configurar bien aquí es el horario, porque el de aquí no se parece al de casi ningún otro sitio.
El tipo de cambio y la comisión los pone tu banco
Nosotros facturamos en euros; tu banco convierte a pesos y añade su comisión por compra internacional. Conviene consultarlo antes de contratar. Por nuestra parte: nueve euros al mes la primera pantalla, catorce días de prueba sin tarjeta y cancelación desde el panel sin preaviso.
La once mueve la tarde
El horario de aquí tiene una franja que no existe en media Europa: la tarde de la once, que llena cafeterías y panaderías cuando otros países están cerrados. Si programas la pantalla con franjas importadas, te vas a perder justo esa. Define tus horas reales y la anuncias desde media tarde, no a las seis.
Entre el norte y el sur
la luz se va con cuatro horas de diferencia
El país es largo de una manera que ningún calendario comercial contempla. En junio, en Arica todavía hay luz cuando en Punta Arenas hace rato que es de noche; en diciembre pasa lo contrario y con más margen. Para un escaparate, la hora a la que empieza a rendir la luz encendida cambia de ciudad a ciudad.
Esto importa porque el momento en que una pantalla empieza a destacar sobre la calle no es una hora del reloj: es la hora a la que oscurece. Y ahí una cadena con locales repartidos por el país se equivoca de manera sistemática:
- El contenido de tarde-noche entra tarde en el sur y pronto en el norte. Programado por reloj y a nivel nacional, en la mitad de los locales arranca cuando ya no hay nadie o cuando todavía es de día.
- La amplitud entre verano e invierno también cambia por latitud. En el sur la diferencia entre junio y diciembre es enorme, y una programación fija en dos versiones no alcanza; en el norte, con dos basta y sobra todo el año.
- El brillo tiene el mismo problema. Lo que en un escaparate del sur en invierno es correcto, en el norte al mediodía no se ve; y lo que se ve al mediodía en el norte, de noche en el sur ciega.
La solución no es tener contenidos distintos, que sería trabajo multiplicado: es tener el mismo contenido con horarios distintos por local. Es una diferencia de configuración, se hace una vez, y es la única forma de que la misma campaña llegue bien en dos ciudades separadas por miles de kilómetros.
Hay una segunda consecuencia menos evidente y que se paga en ventas: las estaciones comerciales también se corren. El material de temporada que se prepara pensando en la zona central llega desfasado a los dos extremos, con semanas de diferencia según el año. En una pantalla eso no es reimprimir nada: es cambiar la fecha de inicio, y cuesta un minuto por local.
Si gestionas más de un local, la comprobación que más devuelve es la más simple: mira a qué hora cambia hoy el contenido en cada uno y compárala con la hora a la que allí se hace de noche. Casi siempre coinciden en uno solo, y ese es el local desde el que se configuró todo.
En una compra mediana o grande
casi nadie compara el precio total: compara en cuántas cuotas y de cuánto
Donde pagar en cuotas sin interés es lo normal, el número que decide no es el de la etiqueta. La gente traduce mentalmente a cuota mensual antes de comparar, y un comercio que solo muestra el total obliga a hacer una cuenta que el de al lado ya hizo por el cliente.
Lo que hay que mostrar para entrar en esa comparación:
- La cuota y el número de cuotas. Los dos juntos: una cuota baja en muchas cuotas no engaña a nadie y genera desconfianza si no está el plazo al lado.
- Si es sin interés y con qué medios. Es la condición que decide, y varía por tarjeta. Decir cuáles aplican evita la conversación entera en la caja.
- Y el total, también. No en lugar de la cuota, junto a ella. Quien paga al contado necesita ese número y no debería tener que preguntarlo.
Hay una razón comercial para hacerlo bien más allá de la comodidad: la cuota sube el techo de lo que alguien se puede llevar. La misma persona que descarta un producto por el total lo considera al verlo dividido, y esa es la diferencia entre vender el modelo de entrada y el de arriba.
Conviene además tener claro el coste real de esa facilidad: las cuotas sin interés las financia el comercio, en comisión y en plazo de cobro. Es una decisión de margen, no un servicio gratuito — y por eso tiene sentido mostrarlas donde suben la venta, y no en todo el catálogo por defecto.
Escribe la cuota junto al precio total de tus tres productos más caros. Es la cifra con la que la gente ya está comparando, la hagas visible o no.
Lo que más nos
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