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Cartelería digital
por ciudad

Trabajamos sin instaladores físicos, así que damos servicio en cualquier ciudad. Estas son las que ya tienen página propia.

De una ciudad a otra
casi nunca cambia la ciudad

Cambia el país. Estas cuarenta páginas cubren diecisiete, y las diferencias que de verdad afectan a montar una pantalla son tres, ninguna de ellas local.

El enchufe y el aparato. El programa es el mismo en Madrid y en Quito, pero el reproductor se compra donde estás. Un Chromecast cuesta en España lo que pone la caja; en Argentina o en Bolivia el mismo aparato llega con impuestos de importación encima y a veces tarda semanas. Ahí suele salir mejor una tele con navegador que ya tengas, porque no hay nada que importar.

La hora. Si tienes locales en México y en Uruguay, un horario que dice «menú del día de 13:00 a 16:00» no significa lo mismo en los dos. Las programaciones van en la hora de cada pantalla, no en una hora central, y conviene comprobarlo el primer día en lugar de descubrirlo un lunes.

Cómo se habla. Es lo que más se nota y lo que menos se mira. Un cartel que tutea funciona en Madrid y suena raro en Bogotá; uno que vosea funciona en Buenos Aires y no se entiende en Sevilla. No es un ajuste del programa: es texto que escribes tú, y la página de tu ciudad usa el registro de esa ciudad para que se vea antes de escribirlo.

Lo que no cambia: no mandamos a nadie a instalar nada, en ninguna de las cuarenta. Por eso hay página de ciudad aunque no tengamos oficina allí — y por eso también damos servicio en las ciudades que no están en esta lista.

Hay páginas de unas pocas ciudades
y lo que sirve de ellas no es el nombre

Si buscas la tuya y no está, no falta nada: lo que cambia de una ciudad a otra no es la ciudad, son tres o cuatro condiciones que se repiten en sitios muy distintos. Elegir la página parecida es más útil que buscar la exacta, y la semejanza se decide con estos criterios.

Por orden de cuánto cambian lo que conviene hacer:

  • Si la gente pasa siempre a la misma hora o no. Un barrio de vecinos y una calle de paso necesitan lo contrario: al primero hay que cambiarle el contenido cada semana, al segundo casi nunca.
  • Si hay temporada o no la hay. Una ciudad con dos meses fuertes y diez flojos se parece más a otra igual al otro lado del continente que a su vecina de al lado.
  • Cuánta luz hay y desde dónde. Decide el brillo, la orientación y a qué hora se lee tu escaparate — y es lo que hace que Sevilla y Palermo se parezcan más entre sí que Sevilla y Bilbao.
  • Si tu clientela vuelve o no vuelve. Determina si tu escaparate tiene que explicar lo básico todos los días o solo lo que cambia.

Con esas cuatro respuestas, la página que te sirve es la de la ciudad que comparte tres de las cuatro, aunque esté en otro país y se llame de otra manera. Es bastante más fiable que buscar por tamaño o por proximidad geográfica, que es lo que hace todo el mundo.

Si aun así no encuentras ninguna parecida, la respuesta corta sirve para casi todos los casos: cuenta cuánta gente pasa por tu puerta en una hora punta y si son las mismas de ayer. Con esos dos datos ya puedes decidir sin ninguna página de ciudad.

Una calle cambia en tres años
y la mitad de lo que se escribe sobre una ciudad envejece con ella

Estas páginas describen sitios, y los sitios se mueven: abre una estación, cierra una fábrica, peatonalizan dos manzanas y el paso se desplaza cien metros. Conviene saber qué parte de lo que se lee tiene fecha de caducidad y qué parte no, porque no se comportan igual.

Lo que caduca rápido:

  • Dónde está el paso. Una obra larga, una línea nueva o un centro comercial en las afueras lo cambian en un año, y no vuelve.
  • Qué barrio es «el bueno». Es probablemente lo que más deprisa se queda viejo, y lo que más gente repite de memoria.
  • Los horarios de la ciudad. El comercio ha ido cerrando más tarde en unos sitios y más temprano en otros, sin patrón común.

Y lo que no caduca, que es lo que merece la pena aprender: la geometría. El ancho de la calle, por qué lado da el sol, si la gente camina por el centro o por la sombra, si hay cuesta. Eso decide la distancia de lectura y el tamaño de letra, y va a seguir siendo verdad dentro de veinte años.

De ahí sale una forma sencilla de leer cualquier cosa sobre una ciudad, incluidas estas páginas: quédate con lo que sigue siendo cierto si mañana cierra el negocio de al lado. Si un consejo depende de que siga abierto, no es un consejo sobre la ciudad — es una foto de un momento.

Vuelve a mirar tu calle una vez al año, con la misma pregunta: ¿sigue pasando la gente por donde pasaba? Es la única revisión que hace falta, y casi nadie la hace hasta que las ventas ya han bajado.