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Competidores típicos
- ✗ Sin plan gratuito real
- ✗ Desde 20-30 USD por pantalla/mes
- ✗ Requieren hardware propietario
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- ✗ Contratos anuales con permanencia
La suscripción es la parte fácil de calcular
lo que despista es todo lo demás
Quien busca cuánto cuesta la cartelería digital encuentra precios de software y no encuentra el resto de la cuenta. El resto no es caro, pero existe, y saberlo de antemano evita la sorpresa de descubrir que había que comprar un cable.
Lo que se paga una sola vez
El televisor —o ninguno, si ya hay uno en la pared—, el reproductor que se enchufa detrás, y el soporte si hay que colgarlo. A eso se añaden dos cosas que casi nadie prevé y que cuestan poco: un alargador HDMI corto para que el aparato no quede aprisionado contra la pared, y una regleta si no hay enchufe cerca. Ninguno de estos elementos se repite al mes siguiente, y todos juntos suelen pesar menos que el primer año de suscripción en una instalación de una sola pantalla.
Lo que no se paga
No hace falta instalador, ni cableado dedicado, ni una licencia por puesto de trabajo, ni obra. Esto no es un argumento comercial sino la diferencia técnica entre un sistema de los de antes —con servidor propio y un técnico certificado— y uno que funciona sobre un televisor corriente y una conexión normal. Conviene tenerlo claro al comparar presupuestos, porque una parte de lo que encarece las ofertas tradicionales son justamente estas partidas.
La luz es el único gasto recurrente que nadie calcula
Una pantalla de tamaño comercial encendida doce horas al día consume del orden de unos pocos euros al mes, y dos pantallas el doble. Es una cifra pequeña, pero es la única partida corriente sobre la que se puede actuar sin tocar ningún contrato: un horario que la apague de noche la reduce a la mitad. Merece estar en la cuenta desde el principio, aunque solo sea para que nadie la descubra en la factura de diciembre y la atribuya a otra cosa.
Cuántas pantallas van a estar encendidas de verdad
Los precios se comparan por pantalla, así que el número decide más que el descuento. Y casi siempre hay diferencia entre las que se piensan y las que acaban encendidas: la del almacén que nadie mira, la de la sala de espera que se apaga en verano, la que se instaló para una feria. Contarlas antes de pedir presupuesto cambia el resultado más que cualquier negociación, y es también el momento de decidir cuáles merecen la pena.
Dudas sobre
precios y facturación
Tu primera pantalla,
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