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Bares · restaurantes · cafeterías · hoteles

Cartelería digital para
hostelería y restauración

Tu camarero saca una caña en la barra mientras la pantalla detrás del bar ya muestra el menú del mediodía. A las 18 h las cañas pasan solas a 2 € de happy hour. Si se acaba la merluza, la quitas con un clic desde el móvil entre dos servicios.

Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta · 5 min para configurar

MENÚ DEL DÍA 12 €

Primero · Segundo · Postre · Bebida · Café

Cambia desde el móvil

Hostelería que ya gestiona sus pantallas con Digisini

200+
Pantallas activas
50+
Negocios registrados
5 min
De cero a primera pantalla
99,9%
Uptime

Lo que puedes hacer
desde la primera noche de servicio

Pensado para un servicio de las 22 h con el teléfono sonando y 3 comandas en marcha.

🍽️

Menú del día en tiempo real

Cambias precio, plato del día o alérgeno desde el móvil en segundos. Si se acaba la merluza a las 22 h, la ocultas y desaparece de la pantalla en 5 segundos. Sin reimprimir nada.

🍺

Happy hour automática

Programas una vez: cañas a 2 € de 18 a 20 h de lunes a jueves, 2×1 cócteles los martes. La pantalla bascula sola a la hora exacta, vuelve sola al cerrar la franja.

📅

Eventos, reservas y temporada

Anuncia cena de Nochevieja, concierto del sábado, menú de Navidad o paella de los jueves con semanas de antelación. Sin imprimir cartelitos y pegarlos por el local.

🏨

Servicios y horarios en hoteles

Pantallas en lobby con desayuno 7-10 h, spa 10-22 h, checkout 12 h. Cambias el horario de Navidad en 30 segundos y se aplica en todos los hoteles de la cadena a la vez.

La mayoría de los bares
empieza con el plan Pro

El plan Pro (19 €/mes) cubre 3 pantallas: típicamente sala, barra y terraza. Sin marca de agua. Si solo tienes barra, Starter (9 €/mes) basta. 14 días de prueba gratis en todos los planes de pago. Plan Free permanente con 1 pantalla si prefieres probar sin tarjeta.

Probar gratis 14 días

Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes

¿Cuánto cuesta de verdad
la cartelería digital en hostelería?

La mayoría de proveedores dice el precio mensual y calla el resto. Aquí está todo, también el hardware que compras tú.

ConceptoDigisiniProveedor clásico
Software al mes9 € (Starter) a 19 € (Pro, 3 pantallas)25–60 € por pantalla
ReproductorChromecast desde 39 €, Fire Stick desde 45 € — una vezCaja propietaria, 150–400 €
PantallaTu tele actual, o una de 43" desde 250 €Display comercial desde 700 €
Instalador0 € — enchufas el reproductor y escaneas un PIN200–500 € de desplazamiento y montaje
PermanenciaNinguna. Cancelas cada mes24 a 36 meses

Un bar con barra y terraza arranca de forma realista en unos 330 € el primer año (plan Pro más dos Chromecast), si ya tienes dos teles colgadas. Con el proveedor clásico, el mismo montaje son 1.500 € para arriba, repartidos en 36 meses de contrato.

El consumo apenas cuenta: una tele de 43" tira de 60 a 90 W. A diez horas al día son unos 4 € al mes.

Terraza de hostelería con las mesas vestidas y los cuberteros puestos, bajo una fachada azul con arcos y macetas de adelfa
La terraza se llena antes que el comedor y decide la noche. Ahí fuera es donde hay que contar lo que se cocina.

¿Qué pantalla
va en cada zona?

El fallo más común es una tele demasiado oscura en el escaparate. El segundo, demasiado texto.

Barra y mostrador

De 32" a 43", horizontal. Carta del día, bebidas, happy hour. El cliente lee sentado a dos o tres metros: cuerpo de letra desde 24 pt, seis líneas por pantalla como mucho.

Entrada y escaparate

De 43" a 55", vertical, y sobre todo brillante. Una tele normal de 300 nits desaparece al sol del mediodía. Para el escaparate necesitas 700 nits o más, o a plena luz solo verás tu reflejo.

Terraza

Solo con carcasa de exterior o bajo techo. Una tele de interior no aguanta la lluvia y por encima de 35 °C entra en modo protección. Más barato: orientar la pantalla hacia dentro, visible por el cristal.

Cocina y personal

Con 24" basta. Turnos, alérgenos, objetivos del día. Nada de marketing: aquí manda la legibilidad a un metro, con texto en negrita sobre fondo oscuro para que de noche no deslumbre.

Las cuatro funcionan con la misma cuenta. El plan Pro cubre tres pantallas; a partir de la cuarta, Business.

El camarero que entró el martes
no sabe lo que lleva el arroz

En hostelería la plantilla cambia más que en casi ningún otro sector, y con cada cambio se va información que solo estaba en la cabeza de alguien. Lo que queda escrito en algún sitio sobrevive a la rotación; lo que se explicaba de palabra, no.

Lo que hay hoy y lo que se ha acabado

La pregunta que más veces al día contesta un camarero nuevo es también la que peor contesta: si queda el plato del día, si el arroz lleva marisco, hasta qué hora hay cocina. Cuando la respuesta está en una pantalla que el equipo ve desde la barra, deja de depender de que alguien se lo haya contado en el cambio de turno. No es una pantalla para el cliente: es la que evita que un cliente reciba tres respuestas distintas en la misma mesa, que es lo que de verdad acaba en una reseña.

La mañana existe y casi nadie la trabaja

Entre el desayuno y la comida hay tres horas en las que el local está abierto, hay poca gente y no se comunica nada. Es la franja donde un cartel bien puesto cambia el ticket sin quitar sitio a nadie: la tapa con la caña, la merienda, la oferta para llevar. No compite con el servicio de mediodía porque ocurre antes, y es la única franja del día en la que quien entra no tiene prisa. Programarla es cuestión de una tarde y luego se repite sola cada día.

Fuera decide quien todavía no ha entrado

Hay dos datos que se buscan en la acera y que casi nunca están: hasta qué hora hay cocina y qué día se cierra. Quien llega a las nueve y cuarto y descubre que se acabó hace quince minutos se va con mala impresión — y era alguien dispuesto a entrar. Dos líneas en el escaparate no cuestan nada, le ahorran al equipo la explicación y eliminan una categoría entera de reseñas negativas, que es más de lo que consigue cualquier foto de plato.

La terraza es media temporada distinta

En cuanto abre la terraza, buena parte del consumo se va fuera, y ahí la pantalla de dentro no la ve nadie mientras el móvil al sol tampoco se lee. Lo que funciona es lo contrario de lo intuitivo: desde fuera se mira hacia dentro, así que la pantalla interior tiene que estar pensada sabiendo que la mitad de los clientes no la ve. Y cuando la temporada termina, todo se invierte — la misma pantalla, otra función, dos cambios al año.

Hay una manera rápida de saber si esto está funcionando: pregúntale al último que entró a trabajar qué lleva el plato del día. Si lo sabe porque lo ha leído y no porque alguien se lo dijo el jueves, la pantalla está haciendo el trabajo que se le pide en hostelería — que no es vender más, es que la misma pregunta reciba siempre la misma respuesta.

El sitio donde encontrar camarero
pasa por delante todos los días

En hostelería el cuello de botella casi nunca es la clientela: es quién sirve. Y la superficie que ya tienes puesta para vender está apuntando, sin coste añadido, a la única gente que puede venir andando a trabajar.

Quien pasa por delante ya está en el sector

Un portal de empleo te enseña a toda la provincia; el escaparate te enseña al que sale de turno tres calles más allá, al estudiante del barrio y al que acaba de dejar el local de enfrente. La distancia es la razón por la que la mitad de los candidatos dice que no, y es exactamente lo que un cristal filtra sin que tengas que hacer nada. No sustituye al portal: llega antes, y llega a quien ya sabe cómo funciona un servicio de sábado noche.

Lo que decide no es el puesto, es el horario

«Se necesita camarero» no lo contesta nadie que valga, porque no dice nada de lo único que se pregunta la persona que lo lee. Turno partido o seguido, qué día se libra, y si el contrato es fijo: esas tres líneas filtran mejor que media hora de entrevista y ahorran las visitas que no iban a ninguna parte. Escribirlas cuesta una vez, y quien se presenta después de leerlas ya ha aceptado la parte que suele romper el acuerdo al final.

El momento importa más que el texto

Aquí es donde una pantalla hace algo que un cartel pegado no puede. A las cinco de la tarde y a partir de medianoche, quien pasa por tu puerta es gente del oficio terminando o empezando; a las dos, es tu cliente. La oferta puede aparecer solo en esas dos franjas y dejar el resto del día para lo que vendes, en lugar de ocupar el cristal veinticuatro horas diluyendo las dos cosas. Es el mismo criterio con el que ya programas el menú del día, aplicado a otra cosa.

Y quítalo el día que se cubra

Un «buscamos camarero» que lleva cuatro meses puesto dice algo peor que no decir nada: que nadie quiere trabajar ahí, o que en ese local no se actualiza nunca nada. Es la misma señal que un cartel de una promoción de Navidad en marzo, y la lee todo el que pasa, no solo quien busca trabajo. En papel se queda porque quitarlo es una tarea; en una pantalla son diez segundos, y el hueco vuelve solo a lo que estaba haciendo antes.

No es lo que se suele contar en una página de pantallas, y sin embargo en hostelería es la restricción que decide el resto: no se abre la terraza que no se puede atender. Una pantalla no resuelve la falta de personal — solo mueve la oferta al único sitio donde la persona adecuada pasa por delante todos los días, y en la franja en la que va andando y sin prisa.

Lo que más nos
preguntan

Sí. Editas precio, plato o alérgeno desde el móvil entre dos servicios y la pantalla se actualiza en 5 segundos. Sin app que descargar — funciona desde el navegador del móvil que ya tienes.
Sí. Cualquier televisor con entrada HDMI más un Chromecast, Fire TV Stick o Android TV (desde 30 €), incluso el que ya tienes colgado. Sin hardware propietario que comprar: los displays comerciales solo compensan en dos sitios, el escaparate soleado —donde hacen falta 700 nits de brillo— y el uso continuo de más de 16 horas al día.
Sí. Defines qué playlist se muestra en cada franja: desayunos 7-11 h, menú del día 13-16 h, tapas 19-23 h. Pueden incluso cambiar por día de la semana (paellas los jueves, hamburguesas los viernes).
Programas una vez los precios reducidos en una franja (por ejemplo 18-20 h de lunes a viernes) y la pantalla bascula sola: muestra los precios happy hour a las 18 y vuelve a los normales a las 20 h en punto. También puedes programar 2×1 los martes o ladies night los jueves.
Sí. Das acceso con roles (dueño, manager, camarero) y cada uno puede actualizar lo que le corresponde desde su propio móvil. Si el camarero ve que se acabó la merluza a las 22 h, la oculta él mismo en segundos.
Starter 9 €/mes para 1 pantalla sin marca de agua. Pro 19 €/mes para 3 pantallas (típico: sala, barra y terraza). Business 59 €/mes para 10 pantallas si tienes varios locales pequeños. Sin permanencia, mensual puro. Plan Free permanente disponible con 1 pantalla y marca de agua discreta.
No. Cancelas desde tu panel cuando quieras, sin llamadas, sin penalizaciones, sin preaviso de 30 días. Si vuelves al mes siguiente, recuperas tu cuenta con todo el contenido tal cual lo dejaste.
La pantalla sigue. El reproductor guarda hasta 48 horas de contenido en local y reproduce la última lista válida. En cuanto vuelve la red, sincroniza solo. En la práctica el cliente no nota nada; solo tú no puedes cambiar la carta durante ese rato.
Cuenta con el menú del día. Si en un mediodía normal vendes dos platos del día de más a 12 € porque están visibles en la pantalla, has recuperado el plan Starter de 9 € el primer día. Si nunca cambias la carta, en cambio, una pantalla te aporta poco: entonces un cartel impreso es más barato y más honesto.
Para que el equipo tenga la misma información sin depender del cambio de turno. La pregunta que más veces contesta un camarero nuevo —si queda el plato del día, si el arroz lleva marisco, hasta qué hora hay cocina— es también la que peor contesta. Lo que evita es que un cliente reciba tres respuestas distintas en la misma mesa.
La mañana entre el desayuno y la comida: tres horas abiertos, poca gente y nada que comunicar. Es la única franja en la que quien entra no tiene prisa, y donde la tapa con la caña o la merienda cambian el ticket sin quitar sitio a nadie. Se programa una tarde y luego se repite sola.
Hasta qué hora hay cocina y qué día se cierra. Quien llega a las nueve y cuarto y descubre que se acabó hace quince minutos se va con mala impresión, y era alguien dispuesto a entrar. Esas dos líneas eliminan una categoría entera de reseñas negativas, más de lo que consigue cualquier foto de plato.

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