Cartelería digital
en Guatemala
Cobertura Guatemala: Ciudad de Guatemala (capital comercial), Antigua Guatemala (UNESCO + capital mundial escuelas español), Quetzaltenango/Xela (segunda ciudad + alternativa Antigua). Conversión EUR/GTQ.
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Cartelería digital en la nube
Dónde estamos
en Guatemala
Ciudad de Guatemala
Zonas con públicos muy distintos: lo que funciona en la 10 no funciona en la 1. Ver ciudad →
Quetzaltenango
Comercio local y clima frío: la carta de la tarde pesa más que la del mediodía. Ver ciudad →
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Se factura en euros,
lo conviertes a quetzales
Lo primero que preguntan desde aquí es cómo se paga, y lo segundo si sirve para un público que no siempre habla español. Van las dos.
El recargo por moneda extranjera es de tu banco
El cargo llega en euros y tu banco lo pasa a quetzales al cambio del día, sumando la comisión que aplique a consumos fuera del país. Pregúntala antes de contratar. Por nuestra parte no hay permanencia: se cancela desde el panel y la cuenta pasa al plan gratuito conservando lo que hayas montado.
Antigua y la capital no leen igual
En Antigua y en el lago el público es de paso y bilingüe: dos líneas, precio y horario, y una segunda lengua en temporada. En la capital y en Xela manda el cliente de todos los días, que ya sabe lo que hay y mira la pantalla para ver qué cambió hoy. La misma pantalla, dos formas de escribir.
Si entenderte exige leer un párrafo,
estás dejando fuera a parte de tu clientela
En buena parte del país conviven varios idiomas, y hay clientes que hablan castellano con soltura pero no lo leen con la misma. Un escaparate escrito como se escribe un folleto funciona con unos y no con otros, y el negocio casi nunca se entera: el que no entendió, simplemente siguió andando.
Esto no se arregla traduciendo, que sería caro y no siempre acertado. Se arregla cambiando qué carga la información, y hay tres decisiones que valen para toda la clientela a la vez:
- El precio hace el trabajo de una frase. Una cifra grande y la unidad al lado se entienden sin depender del idioma. Es el elemento que más se lee de cualquier escaparate y el que más veces está en letra pequeña.
- Una foto del producto real vale más que su nombre. No una imagen de catálogo: el producto tal como se ve en el mostrador, para que se reconozca sin traducción.
- Los horarios, en números. «8-18» se entiende siempre; «abrimos de ocho de la mañana a seis de la tarde» ocupa cinco veces más y se lee peor incluso para quien lee bien.
Lo que queda después de eso —la frase que da un motivo para entrar hoy— sí conviene escribirla, y conviene escribirla corta. Una línea que se entiende de un vistazo llega a todo el mundo; tres líneas bien redactadas llegan a menos gente que dos palabras y una cifra.
Hay un caso local donde esto se nota especialmente: el comercio que trabaja de cara al mercado y al turismo a la vez. Son dos públicos con expectativas opuestas —uno sabe exactamente qué busca y cuánto vale, el otro no sabe ni lo uno ni lo otro— y la tentación es escribir para el segundo porque paga más. Programar por franjas resuelve el conflicto sin elegir: la información de precio y disponibilidad en las horas de mercado, la explicativa en las horas de visita.
La prueba que no falla: enséñale tu escaparate a alguien que no trabaje contigo y pregúntale qué vendes y cuánto cuesta lo más barato. Si tarda más de tres segundos en las dos respuestas, el problema no es del que mira.
Hay negocios que hacen en enero
lo que no van a volver a hacer hasta el enero siguiente
El regreso a clases concentra en dos o tres semanas la compra anual de una categoría entera: útiles, uniformes, zapatos, mochilas. No es una temporada alta con más movimiento — es prácticamente todo el año de ese producto ocurriendo a la vez, y con una fecha límite que el cliente no puede mover.
Qué hace distinto a ese cliente:
- Compra con lista. Trae un papel del colegio y busca coincidencias exactas. Lo que decide no es el precio: es si tienes lo que está escrito ahí.
- Compara stock, no marcas. Después de dos tiendas sin lo que busca, la tercera que lo tenga se lleva la lista entera.
- Y tiene prisa por una fecha. El día que empiezan las clases no se negocia, así que la disponibilidad vale más que cualquier descuento.
Todo eso apunta a un solo tipo de contenido durante esas semanas: qué hay hoy, escrito y actualizado. Una lista de lo disponible, cambiada cada mañana, ahorra a la gente la vuelta entera — y es literalmente lo contrario de una promoción, que en esas semanas no hace falta.
Hay una consecuencia que se olvida y que decide el año siguiente: quien resolvió la lista completa en un sitio vuelve a ese sitio en enero. Es una compra anual, así que la fidelidad se juega en una sola experiencia al año — y quien hizo perder una tarde no tiene una segunda oportunidad hasta doce meses después.
Prepara desde diciembre la lista de lo que vas a tener y ponla donde se lea desde la calle. En esas semanas la gente no entra a preguntar: mira desde fuera y sigue caminando.
Lo que más nos
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