Cartelería digital
en Perú
Cobertura Perú: Lima (capital gastronómica Latam), Cusco (Machu Picchu UNESCO). Multi-idioma extensivo crítico para turismo cultural mundial. Conversión EUR/PEN.
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Cartelería digital en la nube
Dónde estamos
en Perú
Lima
Menú del día y cebicherías con hora punta: el producto se acaba y el precio cambia. Ver ciudad →
Cusco
Altura y turismo por temporadas: mucho público que llega, decide y se va el mismo día. Ver ciudad →
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Facturamos en euros,
tú lo ves en soles
La parte administrativa primero y la operativa después, que es donde una pantalla se gana el sueldo en un negocio de comida.
Lo que suma tu banco
El plan se cobra en euros y la conversión a soles la hace tu banco, con la comisión que aplique a consumos en moneda extranjera. Pregúntalo antes: cambia según el banco y la tarjeta. Lo que no cambia es que no hay permanencia y que cancelar es un botón en el panel, no una llamada.
La carta cambia y por eso se paga sola
En un país donde la propuesta gastronómica se renueva y el menú del día es la norma, la pantalla gana justo donde el cartón pierde: el plato que se acabó a las nueve, el precio que subió esta semana, la promoción de tres días. Si tu carta fuera la misma todo el año, te diríamos que imprimas.
Medio año sin sombras
y con un cielo que apaga los colores
La garúa no es lluvia y no moja, pero deja meses de cielo cerrado y luz difusa. Para un escaparate eso es una condición de trabajo muy distinta a la de cualquier otra capital de la región: no hay reflejo directo que combatir, pero tampoco hay contraste que ayude.
Casi todos los consejos sobre pantallas en escaparate parten de un enemigo que aquí no existe la mayor parte del año, y por eso desorientan:
- No hace falta subir el brillo al máximo. Sin sol directo, un brillo alto no mejora la lectura y sí acorta la vida del aparato y sube el consumo. Es el ajuste que más gente deja mal puesto por costumbre.
- Lo que sí falla es el contraste del contenido. Con luz gris y plana, los grises intermedios se funden. Texto oscuro sobre fondo claro, sin degradados detrás de las letras, y colores planos en vez de fotos apagadas.
- La calle se ve más apagada que el escaparate. Es la ventaja del período: una pantalla con color plano destaca sobre una acera gris mucho más de lo que destacaría un día soleado. Los meses de garúa son los mejores del año para este medio, y casi nadie los aprovecha.
Hay además un efecto de horario: con cielo cerrado no se nota cuándo empieza a atardecer. La gente no ajusta su ritmo a la luz como en una ciudad soleada, así que el cambio de contenido conviene ponerlo por hora de reloj y por movimiento real, no por «cuando empiece a oscurecer». Es lo contrario de lo que funciona en el sur del continente.
Y una nota sobre humedad, que aquí es constante aunque no llueva: la sal y la humedad de la costa afectan más a los contactos que al panel. No es cuestión de comprar nada especial; es no encerrar el reproductor sin ventilación y no dejarlo desenchufado semanas, porque un aparato apagado se queda a temperatura ambiente y ahí es donde condensa.
Baja el brillo un tercio y mira tu escaparate desde la vereda de enfrente. En estos meses casi siempre se lee igual o mejor, y el aparato dura más — es el ajuste más rentable que se puede hacer en dos minutos.
Una parte de quien te compra
no lo compra para usarlo: lo compra para venderlo otra vez, y eso cambia todo lo que necesita saber
Buena parte del comercio abastece a otros comercios pequeños sin llamarlo mayoreo: quien tiene un puesto, quien vende por catálogo, quien revende en su barrio. Es un cliente que compra poco cada vez, muchas veces, y que decide con criterios que no tienen nada que ver con los del consumidor final.
Lo que ese cliente mira, en este orden:
- El precio por unidad al comprar varias. No un descuento genérico: cuántas hay que llevar para que baje y cuánto baja. Es una cuenta, y hacerla por él la resuelve en el acto.
- Si va a haber más. Quien revende necesita poder reponer lo que ya vendió. Un producto que se agota y no vuelve le rompe su propia venta, y no repite contigo.
- Y el margen que le queda. No hay que calculárselo, pero sí darle el dato con el que lo calcula: el precio recomendado o el habitual en la calle.
La diferencia práctica con el cliente final es de horizonte: uno compra hoy y el otro compra todas las semanas durante años. Perder una venta con un revendedor no es perder una venta, es perder una cuenta — y eso ocurre casi siempre por una rotura de stock, no por precio.
Hay una información que le sirve solo a él y que además no molesta a nadie más: cuándo entra mercadería. Saber que los martes llega le permite organizar su semana alrededor de tu negocio, y eso lo ata más que cualquier descuento.
Fíjate cuántos de tus clientes habituales compran de a varios de lo mismo. Si son varios, tienes una clientela mayorista sin saberlo, y hoy le estás hablando como si fuera a llevarse una unidad.
Lo que más nos
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