Cartelería digital
en Buenos Aires (CABA)
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Cartelería digital en la nube
Lo que puedes hacer
desde el primer día
Todo lo que tu negocio necesita mostrar en pantalla, listo para usar.
Parrillas y bodegones (Palermo, San Telmo, Recoleta, Centro)
Asado del día, parrillada completa, vinos Malbec/Cabernet, milanesas, empanadas. Cambias precios al instante — útil con inflación.
Tiendas (Florida, Alto Palermo, Galerías Pacífico, Distrito Arcos)
Ofertas semanales, ahora 12, novedades, campañas. Multi-tienda desde un panel central.
Oficinas (Catalinas, Microcentro, Palermo Hollywood tech)
Hub corporativo + tech (unicornios argentinos). Bienvenida visitas, KPIs, comunicación interna.
Hoteles y boutique (Recoleta, Palermo, Microcentro, Puerto Madero)
Bienvenida multi-idioma (ES/EN/PT/IT/FR/DE), info turística (Caminito, Casa Rosada, Tigre, Recoleta), eventos.
Empieza con
el plan Starter
Plan Starter (9€/mes ≈ ARS al cambio): 1 pantalla, sin marca de agua. Conversión EUR/ARS al tipo del día en facturación — protección contra volatilidad cambiaria. 14 días gratis.
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El problema no es la pantalla:
es cuántas veces cambia la carta
En un bar de Palermo o de Villa Crespo, la lista de precios no dura un trimestre. Ese es el dato que decide si una carta impresa tiene sentido, y no lo dice ninguna comparativa.
Un local que reimprime la carta cada vez que ajusta precios paga dos costos: el de la imprenta y el de las semanas en que sigue mostrando el precio viejo porque todavía no llegó el pedido. El segundo es más caro y no aparece en ninguna factura — se paga en el mostrador, explicando la diferencia a cada mesa.
Con la carta en pantalla el cambio es una línea desde el celular, y de ahí salen dos hábitos que en Buenos Aires se ven seguido y funcionan:
- Actualizar de a poco y siempre el mismo día. Los lunes antes de abrir, aunque sean tres productos. Es más rápido que juntar cambios y hacer una tanda grande, y evita el día en que la mitad de la carta está desactualizada.
- Separar lo que se mueve de lo que no. Los precios en una pantalla y el resto —horarios, el local, las redes— en otra parte del ciclo. Así el cambio semanal toca una sola cosa y no hay que revisar todo.
Vale una aclaración para no vender humo: la pantalla no resuelve el precio, resuelve el desfase. Lo que se gana no es margen, es dejar de tener el número equivocado a la vista y dejar de discutirlo en la caja.
Para un local de CABA con una sola pantalla, esto entra entero en el plan gratuito: una pantalla activa, sin tarjeta y sin vencimiento. El salto al plan pago llega cuando aparece la segunda pantalla, no cuando cambian los precios.
Si tu local está en planta baja de un edificio
hay alguien que ve tu vitrina más veces al día que cualquier cliente
El encargado del edificio no es un vecino: es un intermediario permanente. Recibe paquetes, contesta preguntas de quien pasa, sabe quién se muda, quién abrió y quién cerró en la cuadra, y tiene una opinión sobre tu local que transmite sin que nadie se la pida.
Tres cosas concretas que dependen de esa relación:
- Lo que se puede colgar y lo que no. El reglamento de consorcio pesa más que cualquier ordenanza, y quien lo interpreta día a día está ahí abajo.
- Las recomendaciones. Alguien que contesta veinte preguntas por día de gente que busca algo en la cuadra es un canal de recomendación real, y gratuito.
- Y los avisos. Cortes de agua, de luz, obras, el ascensor. Enterarse un día antes te permite decirlo en la vitrina antes de que el cliente llegue y se encuentre con el problema.
Hay una consecuencia práctica muy barata: que el encargado sepa lo que vendés y a qué hora abrís. Suena obvio y casi nunca se hace. Es la persona a la que le preguntan primero, y no puede recomendar lo que no sabe.
Y una cortesía que evita el problema más común de estos locales: una pantalla encendida de noche se ve desde los departamentos de arriba. Bajar el brillo a partir de cierta hora, sin que nadie lo pida, ahorra la única discusión que puede terminar con una prohibición del consorcio — y esa, una vez tomada, no se revierte.
Bajá a hablar con el encargado y contale qué vendés. Cinco minutos, y es la persona que más veces por día tiene la oportunidad de mandarte un cliente.
Lo que más nos
preguntan
Empieza hoy.
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