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Sin instaladores, sin formación, sin estrés

Cartelería digital
fácil de verdad

Sin instaladores. Sin formación. Sin IT. Tres pasos: te registras, conectas la TV, subes contenido. En 5 minutos tu pantalla está activa y vendiendo.

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DIGISINI

Cartelería digital en la nube

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Lo que puedes hacer
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Todo lo que tu negocio necesita mostrar en pantalla, listo para usar.

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Registro en 30 segundos

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2

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3

Sube tu contenido

Arrastra tus fotos, vídeos o pega una URL. La TV se actualiza en segundos.

Sin formación

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Si sabes hacer una foto con el móvil, sabes usar Digisini. Cero curva de aprendizaje.

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Fácil de verdad es
lo que pasa el día 40

Instalarlo lo hace cualquiera en cinco minutos. Lo que separa una herramienta fácil de una que lo parece es qué ocurre cuando algo se tuerce y no hay nadie a quien llamar.

Lo que se tuerce de verdad, y no es el software

En seis de cada diez avisos que llegan no falla nada: la tele arrancó en otra entrada HDMI porque alguien enchufó el decodificador, cambiaron la contraseña del wifi del local, o el enchufe de la regleta se quedó apagado al cerrar. Los tres se arreglan sin llamar a nadie, y por eso conviene saberlos de antemano en lugar de descubrirlos un sábado.

Que lo pueda cambiar quien esté en el turno

Si cada cambio pasa por ti, a las cuatro semanas la pantalla muestra lo de siempre. Das acceso por roles desde el panel: el encargado toca los precios y la carta del día, tú no tocas nada durante el servicio. Se hace desde el navegador del móvil, sin instalar ninguna aplicación ni compartir tu contraseña.

Qué se queda si lo dejas

Cancelas desde el panel cuando quieras, sin llamadas ni preaviso. La pantalla se queda con marca de agua en el plan gratuito, y tus contenidos siguen ahí tal cual los dejaste si vuelves el mes que viene. El Chromecast lo compraste tú: es tuyo y sirve para cualquier otra cosa.

Y lo que no hacemos: no vamos a tu local. No tenemos instaladores, ni servicio de montaje, ni una red de técnicos por provincias. Si necesitas que alguien te cuelgue la pantalla de la pared, eso es un electricista. Lo que sí hacemos es que la parte de software no necesite a nadie.

Todo es fácil en la demostración
la prueba es cambiar algo desde la barra con una mano

«Fácil» es la palabra más repetida del sector y la menos comprobable. Hay sin embargo una forma de medirla que no exige entender de tecnología y que se hace antes de firmar nada.

El momento real de actualizar no es sentado

Nadie cambia el plato del día en una oficina con calma: se cambia detrás de la barra, con una mano libre y alguien esperando. Todo lo que exija sentarse ante un ordenador se aplaza al día siguiente, y al día siguiente la carta ya está mal. Por eso la pregunta útil no es «¿se actualiza fácil?», que no tiene respuesta, sino «¿se actualiza desde el móvil, de pie, en menos de un minuto?» — a eso se contesta sí o no, y la respuesta se puede comprobar en el momento.

Fácil de montar y fácil de mantener no es lo mismo

Casi todos los productos de este tipo son sencillos de arrancar: se enchufa, se enciende, se sube una imagen. La dificultad llega a la tercera semana, cuando hay que cambiar algo y quien lo configuró está de vacaciones. Un sistema es fácil cuando ese cambio lo hace quien está, no quien sabe. Y esa diferencia no se ve en una demostración, porque la demostración siempre la hace la única persona que lo domina — justo la que no estará ese día.

Que se recupere solo también es parte de «fácil»

Se va la luz, vuelve, y la pantalla tiene que arrancar con tu contenido sin que nadie toque nada. Si hace falta un mando, una contraseña o una persona, ese sistema es fácil hasta que pasa algo — y siempre pasa algo. Merece la pena probarlo a propósito el primer día: desenchufar, volver a enchufar y contar los segundos. Es la única comprobación de esta página que puede hacerse antes de pagar, si se pide durante el periodo de prueba.

La instrucción tiene que caber en un papel

Si lo que hay que hacer para cambiar una línea cabe en tres frases escritas en un papel pegado junto a la pantalla, cualquier persona del equipo se apañará un sábado de agosto. Si la instrucción necesita una captura de pantalla, el sistema no sobrevivirá al primer cambio de personal, por bueno que sea. No es una cuestión de software: la longitud de esa instrucción es la mejor predicción de si la pantalla seguirá actualizada dentro de un año.

La única medida de «fácil» que sirve en un negocio se toma con el móvil en una mano y sin sentarse: cambiar el plato del día desde la barra, en menos de un minuto, con gente esperando. Todo lo que exija sentarse ante un ordenador se hará el día siguiente, y el día siguiente la carta ya está mal.

Nadie toca esto todos los días
y lo que no se usa, no se aprende

Se cambia algo cuando hay promoción, cuando cambia la carta o cuando entra alguien nuevo: cada varias semanas, no cada mañana.

Un sistema que se usa cada seis semanas no se aprende: se recuerda o no se recuerda. Lo que se toca a diario acaba aprendiéndose aunque sea incómodo, porque la repetición lo compensa todo. Aquí no hay repetición que compense nada. Entre una vez y la siguiente ha pasado un mes y medio, ha habido vacaciones y ha cambiado la persona del turno de tarde. Eso no es un caso raro: es el uso normal de una pantalla.

Por eso la curva de aprendizaje es casi lo de menos. En dos horas se aprende cualquier cosa, y todas las demostraciones se hacen con eso recién explicado. La pregunta que decide es otra: cuánto de eso sigue en pie tres meses después, cuando lo abres con prisa, un jueves, sin el que te lo enseñó y con el cartel viejo ya puesto. Un sistema que se defiende bien en una demostración puede ser el peor posible en ese momento.

Y lo que hace recordable una herramienta no es su manual. Es que la ruta sea siempre la misma —los mismos pasos, en el mismo sitio, sin depender de dónde estabas— y que lo último que publicaste esté a la vista para poder copiarlo y cambiarle dos palabras. Nadie recuerda una secuencia de pasos a los tres meses; todo el mundo reconoce algo que ya hizo una vez. Duplicar es la forma de memoria que de verdad funciona.

Con franqueza: no hay manera de demostrar esto en media hora, y desconfía de quien te diga que sí. Lo único honesto es que lo hagas hoy, lo dejes quieto seis semanas y vuelvas — y que hasta entonces nadie te cobre por quedarte.

Lo que más nos
preguntan

No. Si sabes conectar una TV con un Chromecast, sabes instalar Digisini. 5 minutos en total.
No. La interfaz es tipo arrastrar-y-soltar. Si has subido alguna vez una foto a Instagram, sabes usar Digisini.
Soporte por email en español. Respondemos rápido. La mayoría de dudas se resuelven con la documentación.
No. Cancelas cuando quieras sin penalizaciones.
Antes de nada, mira la entrada HDMI de la tele: es la causa más común y se arregla con el mando en diez segundos. Si no es eso, comprueba que el reproductor tiene corriente, porque muchas regletas se apagan al cerrar. El contenido no se pierde en ninguno de los dos casos: el aparato guarda hasta 48 horas y retoma la última lista al arrancar.
Sí, y es lo recomendable. Creas un acceso con su propio correo y le das el rol que quieras: puede editar la carta y los precios sin ver la facturación ni tocar la configuración. Si se va del negocio, le quitas el acceso desde el panel y ya está, sin cambiar nada más.
No. La cuenta queda en el plan gratuito con una pantalla y marca de agua, y tus listas y tus imágenes siguen guardadas. Si vuelves al cabo de unos meses, entras y está todo como lo dejaste. Lo único que compraste aparte —el Chromecast o el Fire Stick— es tuyo y no tiene nada que ver con nosotros.
Pidiendo cambiar una línea delante de ti, pero no al comercial: a alguien de tu equipo, sin ayuda. Si lo consigue en un minuto es fácil para tu negocio; si necesita a alguien al lado, es fácil para quien lo vende. Cuesta un minuto y se puede hacer durante la propia demostración.
No «¿se actualiza fácil?», que no tiene respuesta, sino «¿se actualiza desde el móvil, de pie, en menos de un minuto?». El momento real de cambiar una pantalla es detrás de la barra con alguien esperando, no sentado en una oficina: todo lo que exija sentarse se aplaza al día siguiente, y al día siguiente la carta ya está mal.
Es parte de lo que significa fácil. La pantalla tiene que arrancar con tu contenido sin que nadie toque nada; si hace falta un mando, una contraseña o una persona, el sistema es fácil hasta que pasa algo. Se prueba desenchufando a propósito el primer día y contando los segundos.

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