Los proyectos, los renders y las salas,
en las pantallas del estudio
El cliente llega a la reunión, recepción le muestra los renders de las obras y los premios del estudio mientras espera. En el pasillo, el equipo ve cada proyecto por su fase y el estado de las licencias. En vez de preguntar «¿cómo va mi obra?», la pantalla enseña el timeline. Tú cambias proyectos y renders desde el móvil.
Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta · Offline 48 h
Fase 3/5 · licencia concedida · entrega oct · sala Maqueta 12:00
Lo que muestras en pantalla
desde el primer día
Plantillas listas para el estudio de dos socios y para la firma con varias plantas y obra en marcha.
Portfolio y renders en recepción
Los renders de las obras, los proyectos terminados y los premios y publicaciones del estudio, en bucle en la pantalla de recepción y la sala de espera. El cliente que llega a una reunión ve el nivel del estudio antes de sentarse, y el que viene por una reforma se anima a encargar algo más ambicioso. La mejor carta de presentación, sin un catálogo en papel.
Estado de obras, fases y licencias
Cada proyecto con su fase —anteproyecto, licencia, ejecución, entrega—, el estado del visado y el plazo de entrega. El cliente que viene a una reunión ve cómo va su obra sin preguntar, y el equipo tiene delante qué proyecto está esperando licencia y cuál entra en ejecución. Lo actualizas desde el móvil en cuanto cambia una fase.
Salas de reunión y presentaciones del día
Qué salas están libres y las presentaciones y reuniones con cliente del día con hora y proyecto. El equipo ve si puede coger la sala de maquetas para revisar un detalle; el cliente que llega a presentar su vivienda sabe a dónde ir. Cuando acaba una reunión, lo marcas desde el móvil y la sala vuelve a aparecer libre.
Equipo, premios y captación de talento
Los premios y concursos ganados, las publicaciones en revistas, los nuevos incorporados y las posiciones abiertas. En un sector donde el talento joven elige estudio por su porfolio, las pantallas proyectan una firma viva y atractiva, y el equipo comparte los logros al pasar por la oficina en vez de enterarse por Instagram.
El plan que necesita
tu estudio
Estudio pequeño con 1 pantalla en recepción: Starter 9€/mes. Estudio con recepción + sala de reuniones + zona de equipo: Pro 19€/mes (3 pantallas, el más popular). Estudio grande con varias plantas: Business 59€/mes. Red de estudios multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.
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Dónde va la pantalla
en el estudio
Un estudio de arquitectura se vende con el portfolio y se coordina con las fases de obra. La pantalla separa lo que ve el cliente de lo que ve el equipo.
Recepción
Los renders de las obras, los proyectos terminados y los premios y publicaciones del estudio. Es la carta de presentación: el cliente que viene a valorar un encargo decide en parte por lo que ve nada más entrar.
Salas de reunión
Qué salas están libres y las presentaciones y reuniones con cliente del día, con hora y proyecto. Ordena la agenda del estudio sin el baile de "¿la sala grande está cogida a las cuatro?".
Zona de equipo
El estado de cada proyecto: anteproyecto, licencia, ejecución, entrega; el visado, los hitos de la semana. Alinea al equipo con la foto real de la cartera, en una pantalla que el cliente no ve.
Zona común
Un estudio trabaja durante años en cosas que nadie del estudio llega a ver acabadas: el que dibujó la sección se fue antes de la obra, y el que la remató no conoció el concurso. Las fotos del edificio terminado, con la fecha y con quién estuvo dentro, son lo único que cierra ese círculo. No es decoración de pasillo: es lo que hace que un plano en pantalla se parezca a un sitio donde la gente vive.

El render cierra al cliente,
las fases coordinan al equipo
Un estudio crece captando encargos con su portfolio y entregando a tiempo con las obras bajo control. La pantalla, bien separada, trabaja las dos.
El render vende el encargo. En arquitectura, la imagen es media venta. Un portfolio de renders y obras terminadas en la recepción cierra al cliente que viene a valorar un proyecto mucho mejor que una carpeta de PDFs. Ve la calidad de tu trabajo antes de la primera reunión, y llega predispuesto a confiar el encargo.
Las fases coordinan sin otra reunión de estado. Cada proyecto con su fase —anteproyecto, licencia, ejecución, entrega— y el estado del visado en una pantalla de la zona de equipo mantiene la cartera bajo control de un vistazo. En un estudio que malabarea varios encargos a la vez, ver qué obra está esperando licencia y cuál entra en ejecución evita el cuello de botella y el olvido.
El talento se atrae con reconocimiento visible. Los buenos arquitectos eligen dónde trabajar, y la cultura del estudio pesa. Mostrar los concursos ganados, las publicaciones y las nuevas incorporaciones construye el orgullo de pertenencia que retiene al equipo y atrae al candidato que te visita. En un sector competitivo por el talento, eso vale.
Con franqueza: no nos integramos de forma nativa con tu BIM, Revit o Archicad ni con tu gestor de proyectos. Si tienes un panel de estado en una URL web, la pantalla lo muestra y lo refresca; si no, actualizas las fases a mano. Digisini es la capa de pantalla que presenta el portfolio y coordina la cartera, no un software técnico.
«Ya tengo el proyecto, ¿ahora qué más?»
Casi nadie de fuera del gremio sabe que redactar el proyecto y dirigir la obra son dos encargos distintos
Un particular que se enfrenta a una reforma grande por primera vez cree estar comprando «los planos». Descubre después que hay una dirección de obra, que a veces hay dirección de ejecución, que hay coordinación de seguridad y salud, y que cada cosa tiene su honorario. Nada de eso es opaco — está en cualquier hoja de encargo. El problema es el momento en que se entera: cuando ya se había hecho su propia cuenta.
Explicarlo antes no ahuyenta a nadie: ahuyenta la desconfianza, que es distinta. Un esquema de cuatro pasos en la sala de espera —qué se entrega en cada fase, quién interviene y en qué momento se pide licencia— le da al cliente el mapa que va a necesitar de todas formas. Y le da algo más útil todavía: la certeza de que lo que está a punto de firmar no es «un precio», sino un tramo de un recorrido más largo que alguien ya ha hecho muchas veces.
Hay un punto de ese recorrido que conviene señalar aparte, porque es el que rompe los presupuestos: la licencia. Entre entregar el proyecto y poder empezar hay un tiempo que no depende del estudio, y que varía mucho de un ayuntamiento a otro. Escribirlo —aunque sea como horquilla— evita la conversación de los tres meses, esa en la que el cliente empieza a pensar que el retraso es del arquitecto. Es información que el estudio conoce con bastante precisión para su municipio y que casi nunca comparte hasta que se la preguntan.
Y una pieza que rara vez se nombra y que a los clientes les tranquiliza más que cualquier render: qué pasa si la obra se para. Un permiso denegado, un vecino que recurre, una empresa constructora que quiebra. No hace falta detallar escenarios; basta con decir que existe un procedimiento y que no se improvisa. Quien contrata a un estudio pequeño teme exactamente eso, y casi nunca lo pregunta en voz alta.
Aviso obligado: qué encargos son necesarios en cada caso, qué exige el visado y qué plazos maneja cada ayuntamiento no lo sabemos nosotros ni lo sabría ninguna herramienta — lo sabe el estudio y su colegio profesional. Lo único que aportamos es la pared donde eso se puede contar sin que nadie tenga que preguntarlo.
Dudas comunes
de estudios de arquitectura
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