Las salas libres y los eventos,
en las pantallas del espacio
El miembro llega, mira la pantalla del lobby y ve qué salas quedan libres, qué taller hay a las 18:00 y quién está hoy. En vez de preguntar en recepción o mirar un tablón de corcho, cada zona del espacio tiene su pantalla con lo que toca. Tú cambias los eventos y las reservas desde el móvil.
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SALA B ocupada · 15 puestos libres · taller 18:0
Lo que muestras en pantalla
desde el primer día
Plantillas listas para coworking de barrio y para espacio corporativo con varias plantas.
Plano de salas y escritorios libres
Qué salas de reuniones están libres u ocupadas, cuántos puestos de coworking quedan hoy, con QR para reservar directo desde la pantalla. El miembro ve si puede entrar a trabajar sin preguntar en recepción. Cuando se ocupa una sala, lo marcas desde el móvil y el plano se actualiza al instante.
Agenda de eventos y talleres
Los talleres, charlas, networking y eventos sociales de la semana con hora, sala y aforo. El miembro sabe que hoy hay «Jueves de inversión» a las 18:00 en la sala C y queda una plaza. La agenda se actualiza sola cuando añades eventos desde el móvil.
Aforo, normas y servicios del espacio
El aforo máximo por sala, las normas de uso (silencio, llamadas, mascotas, invitados), los servicios disponibles (café de especialidad, impresora 3D, cabina telefónica, taquillas). El miembro nuevo encuentra las respuestas sin preguntar, y el espacio parece más profesional.
Comunidad, miembros del mes e Instagram
Los miembros actuales con su foto y proyecto, el miembro destacado del mes, las ofertas de colaboración entre miembros y el feed de Instagram del espacio. Construyes comunidad, das visibilidad a los coworkers y conviertes el espacio en algo más que un sitio con mesas y WiFi.
El plan que necesita
tu coworking
Espacio pequeño con 1 pantalla en el lobby: Starter 9€/mes. Coworking con pantalla de lobby + zona coworking + comedor: Pro 19€/mes (3 pantallas, el más popular). Espacio grande con varias plantas y zonas: Business 59€/mes. Cadena de coworkings multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.
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Dónde va la pantalla
en el coworking
Un coworking no alquila metros, vende ocupación y comunidad. Cada pantalla empuja una de las dos.
Lobby y recepción
El plano de salas libres u ocupadas, cuántos puestos quedan hoy y la bienvenida. Es lo primero que ve el miembro y el visitante; mostrar disponibilidad en tiempo real convierte el hueco de última hora en una reserva.
Zona de coworking
La agenda de eventos y talleres de la semana con hora, sala y aforo, y las normas de uso (silencio, llamadas, invitados). El miembro se entera del networking del jueves y se queda; la comunidad activa es lo que lo diferencia de un despacho vacío.
Salas de reunión
La disponibilidad de cada sala con la hora de fin de la reunión en curso, y un QR para reservar la siguiente franja. Se acaba el "¿está libre esta sala?" y el solapamiento de reservas que enfada a los miembros.
Zona de comunidad
Los miembros del mes con su foto y proyecto, el destacado, las ofertas entre miembros y tu Instagram. La comunidad es el producto de un coworking; hacerla visible fideliza y convierte a los miembros en tus mejores comerciales.

La ocupación se llena a la vista,
la comunidad retiene
Un coworking vive de la ocupación y de la comunidad. Mostrar la una y activar la otra es lo que separa un espacio lleno de un espacio con mesas vacías.
Lo que se ve disponible se reserva. Un plano en tiempo real de salas y puestos libres convierte el hueco de última hora en ingreso: el miembro que ve una sala libre la coge para la llamada de dentro de veinte minutos, el visitante que ve puestos disponibles se queda el día. La ocupación no vendida es dinero que se evapora cada hora; la pantalla la rescata.
La comunidad es el producto, no los metros. Lo que diferencia un coworking de un despacho alquilado es la vida: los eventos, el networking, la gente. Mostrar la agenda de la semana y a los miembros hace que esa comunidad se note y se use, y una comunidad activa es lo que retiene al miembro mes a mes en lugar de perderlo en cuanto encuentra una silla más barata.
El visitante decide por lo que respira. Quien viene a ver el espacio para decidir si se apunta no compara metros cuadrados, compara ambiente. Una pantalla con eventos animados, miembros con proyectos interesantes y una comunidad viva convierte la visita en alta mucho mejor que cualquier folleto de tarifas.
Con franqueza: la reserva de salas la lleva tu sistema (Cobot, OfficeRnD, Nexudus o el que uses). La pantalla muestra la disponibilidad y el QR lleva a tu reserva; no gestionamos la reserva en sí. Digisini es la capa de pantalla que muestra ocupación y activa la comunidad.
«Nunca hay sala libre»
se dice en edificios donde a esa hora hay dos vacías
La sala de reuniones es el recurso más escaso de un coworking y el que genera casi todas las quejas. Pero la queja rara vez es de capacidad: es de información. A las cinco y diez la sala grande figura reservada y sigue vacía, y nadie que pase por delante lo sabe.
Y aquí hay algo incómodo que conviene decir, porque afecta a lo que se espera de una pantalla: enseñar el calendario no resuelve esto. El calendario dice «reservada», y a las cinco y diez eso ya no es cierto. Una pared que lo repite no está informando — está dando autoridad a un dato equivocado, y convence más que una puerta cerrada.
Lo que cierra el hueco no es técnica, son dos decisiones y una de ellas hay que escribirla donde se lee:
- Una regla de liberación, y en la puerta. Diez o quince minutos sin aparecer y la sala vuelve a estar disponible. La regla suele existir ya, enterrada en unas condiciones que no ha leído nadie, y ahí no sirve para nada. En la puerta la aplican los propios miembros sin preguntar a recepción, que es la única forma de que funcione a diario.
- Y alguien tiene que decir que la ha cogido. Ninguna pantalla sabe si dentro hay gente. El mecanismo más barato no es un sensor: es que quien entra en una sala liberada lo marque —un QR, una línea en recepción—. La pared sirve para que la regla sea visible y el gesto sea obvio; no para adivinar.
Hay además una distinción de sitio que se pasa por alto. La pantalla de la puerta contesta «¿puedo entrar ahora?»; la del pasillo contesta «¿dónde hay una libre?», y es la segunda la que quita la queja — porque quien se queja va andando y buscando, no está parado delante de una puerta. Un coworking con pantallas solo en las puertas ha resuelto el conflicto de reservas y no ha tocado la percepción de escasez, que es lo que se dice en voz alta cuando alguien pregunta si merece la pena renovar.
Antes de comprar nada, una semana de medición que no cuesta dinero: a tres horas fijas del día, anota cuántas salas reservadas están vacías. Si el número medio pasa de una, el problema no es cuántas salas tienes — y ampliar el espacio no lo va a arreglar.
Dudas comunes
de gestores de espacios
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