La sala de espera de tu clínica,
que cierra tratamientos
El paciente entra para una limpieza y se sienta tenso esperando. En vez de una tele con las noticias, ve casos antes/después reales de ortodoncia invisible y el implante a 25€/mes con financiación. Sale preguntando por el presupuesto del tratamiento que llevaba meses posponiendo. Tú lo cambias desde el móvil.
Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta · Offline 48 h
desde 49€/mes · implante 25€/mes · 1ª visita gratis
Lo que muestras en pantalla
desde el primer día
Plantillas listas para clínica de barrio y clínica de implantes y ortodoncia.
Tratamientos y financiación al día
IMPLANTE desde 25€/mes · ORTODONCIA INVISIBLE desde 49€/mes · BLANQUEAMIENTO · CARILLAS · LIMPIEZA. La financiación a la vista quita el freno del precio. Cuando cambias una tarifa o un plan de pago, lo subes desde el móvil y la pantalla se actualiza en 2-3 segundos.
Antes/después que cierran casos
Casos reales de estética dental, ortodoncia e implantes (con consentimiento del paciente). El que espera para una revisión ve el resultado, se ve a sí mismo y pregunta por el presupuesto. Es lo que más sube el ticket de la clínica.
Recordatorios de revisión y primera visita
Revisión y limpieza cada 6 meses, primera visita gratis, higiene en casa. Recuperas a los pacientes que dejan de venir y llenas la agenda de revisiones, que son la base del recall de la clínica.
Ambiente que calma el miedo + horarios y urgencias
Imágenes tranquilas que bajan la ansiedad dental, tus horarios, el teléfono de urgencias y tus reseñas reales. Un paciente más relajado dice que sí al tratamiento con más facilidad.
El plan que necesita
tu clínica
Clínica pequeña con 1 pantalla en la sala de espera: Starter 9€/mes. Clínica con pantalla de sala de espera + pantalla de recepción o gabinete: Pro 19€/mes (3 pantallas, el más popular). Clínica grande con varios gabinetes y ortodoncia: Business 59€/mes. Cadena multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.
Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes
Dónde va la pantalla
en la clínica dental
En una clínica dental la sala de espera no es tiempo muerto: es donde se cierran los tratamientos de más valor. Cada pantalla empuja una palanca.
Recepción
Los tratamientos con la financiación al mes: implante desde 25€/mes, ortodoncia invisible desde 49€/mes, blanqueamiento, carillas. Mostrar la cuota, no el total, es lo que convierte un implante de 1.200€ en una decisión asumible.
Sala de espera
El antes/después de casos reales (con consentimiento del paciente) y un ambiente que calma la ansiedad dental. El paciente que ve unas carillas o una ortodoncia invisible bien resueltas pregunta por ese tratamiento en la consulta.
Gabinete
El apoyo visual para explicar el tratamiento en la silla: cómo funciona un implante, las fases de la ortodoncia, la técnica del blanqueamiento. El paciente entiende y acepta mejor lo que ve explicado que lo que solo escucha.
Zona de caja
El recordatorio de revisión y limpieza cada seis meses, la primera visita gratis y los planes de financiación. El momento de pagar es cuando se cierra la próxima cita y se reactiva al paciente que llevaba tiempo sin venir.

La sala de espera
cierra tratamientos
Una clínica dental crece con los tratamientos de alto valor —implantes, ortodoncia, estética— y con recuperar a los pacientes que dejaron de venir. La pantalla trabaja ambas.
El antes/después es el mejor comercial de la clínica. Nada vende un tratamiento de estética dental como el resultado. El paciente que espera y ve un caso real de carillas o de ortodoncia invisible —bien resuelto, con consentimiento— pregunta por él en la consulta. Es la conversación que abre el tratamiento de alto valor, y la abre el paciente, no tú.
La financiación quita la barrera del precio. El paciente no rechaza el implante por 1.200€, lo rechaza por cómo suena. Mostrar "desde 25€/mes" convierte una cifra que asusta en una decisión mensual asumible, y sube la aceptación de los tratamientos que sostienen la clínica. La cuota en pantalla hace ese trabajo antes de que el paciente entre a la consulta.
Recuperar pacientes llena la agenda floja. El recordatorio de la revisión y la limpieza cada seis meses reactiva al paciente que se fue perdiendo. Es la forma más barata de llenar huecos: pacientes que ya te conocen y solo necesitaban el empujón. Y el ambiente que calma la ansiedad dental evita que el que tiene miedo posponga indefinidamente.
Con franqueza: no gestionamos las citas ni la historia clínica. Si usas Gesden, Klinikare o Dentalink, sigues con ellos; Digisini es la capa de pantalla que cierra tratamientos y recupera pacientes. El antes/después se gestiona con el consentimiento del paciente firmado en la app.
Enseñar la cuota funciona
pero en España el total tiene que ir al lado
La cuota hace comprensible un implante de 1.200 €, y por eso está en el bloque de arriba. Lo que aquí no se puede hacer es dejarla sola. Este es el país de las cadenas dentales que cerraron dejando a miles de personas pagando un crédito por un tratamiento que nunca recibieron, y el paciente que se sienta en tu sala llega con esa historia puesta, la nombre o no.
Así que lo que en otro sitio sería letra pequeña, aquí es el argumento. Junto a los 25 € al mes: cuántos meses, cuánto suma al final y con qué interés. No porque lo pida la norma de crédito al consumo —que también—, sino porque el paciente que descubre el total tres meses después no piensa que no preguntó: piensa que se lo escondieron. Y esa conclusión no se queda en la financiación, se lleva por delante la confianza en el presupuesto entero.
La segunda cosa que casi ninguna clínica dice, y que tranquiliza justo al que más lo necesita: la financiación es un contrato con una entidad, no contigo. Decir con quién se firma, y que es un crédito vinculado al tratamiento, no es ahuyentar a nadie: es lo que separa a una clínica que explica de una que hace firmar. Y tiene una consecuencia real que el paciente desconoce — un crédito vinculado a un servicio que no se presta le da derechos frente a la entidad, no solo frente a la clínica. Quien lo sabe firma más tranquilo; quien no lo sabe, firma o se va, y muchas veces se va.
El tercer dato es el más barato de todos y no lo enseña nadie: qué pasa si el tratamiento se interrumpe. Si el paciente se muda, si cambia de idea a mitad de una ortodoncia, si hay que parar por una complicación. Es exactamente lo que teme quien está a punto de comprometerse a dos años, y contestarlo por escrito, antes, convierte una duda que frena en una decisión que se toma.
Y ninguna de estas tres cosas resta ventas: cambian quién dice el precio primero. Hoy lo dice el paciente, en voz baja y al final, cuando pregunta cuánto es en total y ya se ha imaginado la respuesta peor. Dicho por la pared desde el principio, con la cuota al lado del total, el número deja de ser una revelación incómoda y pasa a ser un dato de partida — que es la única forma de que un tratamiento caro se discuta por lo que vale y no por lo que asusta.
Con franqueza: nosotros mostramos lo que subes y no intermediamos financiación. Qué información hay que dar en una oferta de crédito, y en qué términos, lo resuelven la normativa de crédito al consumo y tu asesoría — aquí lo único que sostenemos es que en este país la cuota sola se lee mal, y que el total al lado es lo que la hace creíble.
El vídeo del paciente contándolo
es justo la parte que la publicidad sanitaria mira con lupa
El antes/después funciona y por eso está más arriba. Lo que conviene separar es el paso siguiente, el que dan casi todas las cadenas: añadirle el testimonio del paciente. La normativa española de publicidad sanitaria es especialmente restrictiva con los testimonios y con cualquier cosa que sugiera un resultado garantizado, y una pantalla de sala de espera es publicidad aunque esté dentro del local.
La distinción práctica es fácil de sostener: un caso muestra lo que se hizo; un testimonio afirma lo que le va a pasar a quien mira. El primero se puede documentar —misma boca, misma luz, sin retoque, con consentimiento por escrito—; el segundo traslada al paciente una promesa que nadie puede cumplir por adelantado. Y la retirada de ese consentimiento puede llegar años después, cuando el contenido ya está copiado en tres sitios.
Y hay una alternativa que en España es más fuerte que cualquier testimonio, porque el paciente puede comprobarla: el número de registro sanitario. Una clínica dental es un centro sanitario autorizado, con su número, y en varias comunidades ese dato tiene que constar en la publicidad. Casi todas lo tratan como una línea diminuta en el pie de un cartel. Puesto donde se lee, es lo único de esa sala que no es una foto ni un adjetivo — y en un país que ha visto caer cadenas enteras, ser verificable vale más que ser convincente.
Lo mismo con la garantía, que es la pregunta silenciosa de la mitad de la sala. Cuántos años cubre un implante, qué incluye, qué pasa si la clínica cambia de manos. Sin escribir, cada paciente supone lo peor y lo resta mentalmente del presupuesto que le acabas de dar.
Nada de esto quita fuerza a la pared: cambia quién avala. En vez de un paciente encantado, un dato contrastable y unas condiciones que se pueden leer dos veces.
Con franqueza: nosotros mostramos lo que subes y no revisamos publicidad. Qué se puede difundir, con qué autorización y con qué datos obligatorios lo resuelven tu comunidad autónoma, tu colegio profesional y tu asesoría — aquí lo único que sostenemos es que esta misma página recomienda el antes/después y que en España el paso siguiente, el testimonio, es el que conviene consultar antes de darlo.
Dudas comunes
de dentistas
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