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Para centros de masajes y quiromasaje

La carta de tu centro,
siempre al día

Tu cliente entra con la espalda cargada y, en vez de una tele con las noticias, ve un ambiente que ya empieza a relajarle. En recepción tiene clara la carta: relajante, descontracturante, deportivo, con su duración y su precio. Tú la cambias desde el móvil entre camilla y camilla.

Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta · Offline 48 h

RELAJANTE · 50 min 45€

Bono 5 sesiones · -15%

Cambiado desde el móvil

Confianza de centros de masajes y quiromasaje

200+
Pantallas activas
50+
Negocios registrados
5 min
De cero a primera pantalla
99,9%
Uptime de la plataforma

Lo que muestras en pantalla
desde el primer día

Plantillas listas para centro de barrio y spa de masajes.

01

Carta de masajes y precios al día

RELAJANTE 50 min 45€ · DESCONTRACTURANTE 30 min 30€ · DEPORTIVO 50 min 50€ · DRENAJE 60 min 55€. Cuando cambias un precio o añades una técnica, lo subes desde el móvil y la pantalla se actualiza en 2-3 segundos.

02

Bono del mes y packs

Pack de 5 sesiones con descuento, bono regalo, promo de temporada. Lo muestras en recepción mientras el cliente paga, que es cuando más fideliza. Sin reimprimir folletos.

03

Ambiente relax en la sala de espera

Imágenes y música suaves en bucle en vez del canal de noticias. El cliente entra y empieza a soltar tensión antes de pasar a la camilla. El masaje empieza a hacer efecto antes de tocar la espalda.

04

Recomendaciones, aceites y reseñas

Los consejos post-masaje (hidratación, estiramientos), los aceites y cremas en venta y tus mejores reseñas en bucle. Vendes producto y refuerzas el resultado sin tener que explicarlo cada vez.

El plan que necesita
tu centro

Centro pequeño con 1 pantalla en recepción: Starter 9€/mes. Centro con pantalla de recepción + pantalla de ambiente en sala de espera: Pro 19€/mes (3 pantallas, el más popular). Centro grande o spa con varias salas: Business 59€/mes. Cadena multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.

Empezar gratis →

Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes

El único público totalmente cautivo del sitio
y el único que no puede ver nada

En una manicura la clienta está inmovilizada y mirando. En una sala de espera se está sentado y leyendo. Aquí la persona está boca abajo, con los ojos cerrados, cincuenta de los sesenta minutos. Es la única sala de toda esta lista con un público enteramente cautivo y enteramente inalcanzable — y eso zanja una pregunta que muchos centros resuelven mal.

En la cabina, nada

Ni una versión más suave, ni imágenes de ambiente: nada. Lo que se cuelgue ahí o no se ve o es un resplandor a través de los párpados, y lo segundo es peor que lo primero. La pared es de recepción y del pasillo, y saberlo antes de taladrar ahorra la conversación incómoda en la que se mueve al mes siguiente.

Todo lo útil se juega antes

Y es la angustia entera de la primera vez, que casi nadie escribe: qué se quita y qué se deja, cómo funciona la sábana, si se espera que hable, qué decir si la presión molesta. La gente no pregunta esto — simplemente no reserva. Cuatro líneas en recepción convierten más primeras citas que cualquier oferta.

Y el resto, en los cinco minutos de después

Sale lento, caliente y no del todo presente, y es justo cuando la próxima cita se pide o no se pide. Lo que se le pida entonces tiene que costar casi nada: una fecha ya propuesta, un precio ya sabido, ningún formulario. Pedirle una decisión desde cero en ese estado es pedirle que diga «ya te llamo».

El pasillo, no la cabina, es donde se vende la serie

Una contractura no se arregla en una sesión, y quien lo deja a la segunda concluye que no funcionó. El sitio para decir qué cambian de verdad la segunda y la tercera es el pasillo que cruza dos veces: antes, cuando todavía duda, y después, cuando acaba de notar la diferencia.

Cabina de masaje con la camilla vestida y una toalla doblada encima, la persiana de madera cubriendo la pared y el lavabo al lado
El cliente pasa la sesión boca abajo y con los ojos cerrados. Lo que se le cuente tiene que estar antes o después, nunca durante.

La diferencia de precio que el cliente no entiende
en buena parte no es margen: es IVA

Un cliente compara dos precios de dos sitios distintos y saca la conclusión obvia: uno es más caro. Lo que no sabe es que puede estar comparando dos cosas con fiscalidad distinta — la asistencia sanitaria prestada por un profesional cualificado está exenta de IVA, y un masaje de bienestar no lo está. Sobre el mismo importe eso son veintiún puntos que no van al bolsillo de nadie del sector.

Decirlo cambia la conversación sin bajar un euro la tarifa. Es exactamente lo contrario de un descuento: explica una diferencia que el cliente ya está viendo y que hoy interpreta como codicia. Y es información verificable, no un argumento de venta — que es la razón por la que se cree.

Detrás está la raya de verdad, y el cliente no sabe por dónde pasa. Fisioterapia y masaje de bienestar están una al lado de la otra en su cabeza, y las palabras con las que se anuncian se han desdibujado hasta ser intercambiables. Quien reserva no sabe cuál necesita y no lo va a preguntar: o elige mal, o no reserva.

El centro que traza la raya primero, por escrito, se queda con quien buscaba justo esa frase. Qué se hace aquí, qué no, con qué titulación, y a quién se deriva cuando la respuesta es no. Es la información más difícil de encontrar del sector y la más barata de dar — y no se lee como modestia, se lee como saber lo que uno hace.

Con franqueza: no gestionamos tus citas ni tu agenda. La pantalla muestra la carta, los límites y lo que subas, y lo actualizas desde el móvil. Y qué puedes decir exactamente según tu titulación —y qué tratamiento fiscal te corresponde— lo contesta tu colegio profesional y tu asesoría, no esta página: aquí solo importa que esa raya, escrita donde se lee, es el mejor argumento que tiene un centro serio.

Compra «una hora».
Y cuenta desde que cruza la puerta, no desde que empiezan las manos

En esa hora caben cambiarse, dos minutos de preguntas, la camilla, y volver a vestirse. Las manos encima son cincuenta minutos largos, a veces menos si la primera vez hay que preguntar más. Desde dentro es evidente y desde fuera no existe: el cliente miró el reloj al entrar y lo vuelve a mirar en la calle, y la cuenta le sale corta. No lo dice —decirlo suena a tacaño— pero lo piensa, y lo piensa justo cuando decide si vuelve.

El arreglo no es alargar la sesión: es dejar de vender un número que no describe lo que pasa. «Cincuenta minutos de masaje, una hora de cita» dice exactamente lo mismo sin margen para la resta, y quien lo lee antes de entrar deja de contar. Es una de esas correcciones que no cuestan nada y que además dan una impresión rara de precisión — la de un sitio que ha pensado en cómo se siente su servicio desde fuera y no solo en cómo se hace desde dentro.

Y lo mismo vale para la otra resta invisible, la de la primera visita. Un cliente nuevo consume más tiempo de conversación que uno habitual, con lo que su masaje real es más corto justo el día en que se está formando una opinión. Reservar cinco minutos extra a las primeras citas cuesta poco en la agenda y evita que la peor sesión del año sea, sistemáticamente, la que decide si hay una segunda.

La versión larga de este problema es la que llega en forma de reseña de tres estrellas sin explicación. «Bien, pero se me hizo corto» no es una queja sobre el masaje: es una queja sobre una expectativa que nadie fijó. Y es de las pocas que se corrigen enteras antes de que ocurran, cambiando dos palabras en la lista de precios.

Con toda honestidad: cuánto dura cada cosa en tu centro lo sabes tú y la pantalla enseña lo que cargues. Lo contamos porque es el desajuste más repetido de este sector y el más fácil de quitar de en medio: no hay que hacer nada distinto, solo llamarlo por su nombre.

Dudas comunes
de centros de masajes

La carta de masajes con duración y precio (RELAJANTE 50 min 45€, DESCONTRACTURANTE 30 min 30€, DEPORTIVO 50 min 50€, DRENAJE 60 min 55€), el bono o pack del mes (5 sesiones con descuento, bono regalo), un ambiente relax en la sala de espera (imágenes y música suaves, no un canal de noticias), las recomendaciones post-masaje, los aceites en venta y tus reseñas. Todo se cambia desde el móvil en segundos.
Sí. Cualquier Smart TV con navegador (Samsung Tizen reciente, LG webOS, Android TV) funciona directo. Si la tele es antigua, un Fire Stick o Chromecast (~30 €) la convierte en pantalla digital. Instalación: conectas la TV, abres Digisini en el navegador, metes el PIN de 6 dígitos. 5 minutos por pantalla.
Sí. Cada pantalla tiene su contenido y su programación. La de la sala de espera muestra ambiente suave que predispone al cliente antes de la camilla. La de recepción muestra la carta de masajes, el bono del mes y los aceites en venta. Todo independiente y cambiable desde el móvil.
Hoy la integración nativa con software de cita previa no está incluida — la carta y los huecos los actualizas a mano desde el móvil (10 segundos por cambio). Si tu plan es Business o superior, hablamos de integración a medida vía API. Para un centro de 1-3 camillas, gestionar desde el móvil suele ser más rápido que sincronizar APIs.
Centro pequeño con 1 pantalla en recepción: plan Starter 9 €/mes. Centro con pantalla de recepción + pantalla de ambiente en sala de espera: plan Pro 19 €/mes (3 pantallas, el más popular). Centro grande o spa con varias salas: plan Business 59 €/mes. Cadena multisede: plan Network 199 €/mes (50 pantallas, cuenta por centro). Ver todos los planes.
Sí. El player guarda hasta 48 horas de contenido en caché. Si el WiFi se cae a media tarde, las pantallas siguen mostrando la carta y el ambiente sin cortarse. Cuando vuelve la conexión, sincroniza solo los últimos cambios. Útil en salas de sótano o zonas con WiFi débil.
No. Cancelas cuando quieras, sin penalización. 14 días de prueba en planes de pago, sin tarjeta. Plan Free permanente: 1 pantalla con marca de agua Digisini y 5 % de slots de anuncios de partners. Cuando quieras quitarlos, pasas a Starter por 9 €/mes.
Es su mayor palanca, y además tiene sentido clínico. Una contractura o una lesión deportiva no se arreglan en una sesión: el masaje terapéutico funciona con continuidad. El bono asegura que el cliente termine el tratamiento en vez de dejarlo a medias, que es a la vez el mejor resultado y caja por adelantado. Destacar el bono del mes y los packs en la pantalla de recepción convierte la visita suelta en un compromiso con el tratamiento completo.
Sí, y en el masaje relax es parte del propio servicio. El cliente compra desconexión, y esa desconexión empieza en la sala de espera: una pantalla con imágenes y música suave en bucle —nunca el canal de noticias— lo predispone y sube la percepción de calidad de todo el centro antes de llegar a la camilla. Es lo que justifica el precio de un buen masaje frente al del centro de al lado que tiene el telediario puesto.
Sí, y las dos cosas fidelizan. Los consejos post-masaje —hidratación, estiramientos, pautas para no volver a contracturarse— hacen que el cliente sienta que le has dado algo más que una hora en camilla, y ese valor percibido le hace volver. Junto a ello, los aceites y cremas que recomiendas para casa alargan el efecto y son margen que la pantalla vende en el momento exacto, sin que el masajista tenga que ofrecerlo entre sesiones.

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encendida esta tarde.

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