Pantalla de
sala de espera
con turno en vivo
Marta, recepcionista del Centro Médico La Salud en Madrid, llama desde el móvil al TURNO 142 · SALA 3. La pantalla del pasillo cambia al instante y entre paciente y paciente rota cada 8 s consejos de salud, el horario de la nutricionista del miércoles y la nueva mamografía digital. La sensación de tiempo muerto desaparece.
Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta de crédito · Cancela cuando quieras
Seis cosas que hace
esta pantalla
Cada función pensada para la recepción que llama turnos desde el móvil entre paciente y paciente, sin tocar el ordenador del mostrador.
Turno actual + 3 siguientes en vivo
Llamas al TURNO 142 desde el móvil y la pantalla cambia en 3 s. Debajo se ven los 3 siguientes (143, 144, 145) con iniciales + motivo de consulta. Los pacientes saben cuánto falta sin preguntar.
Tiempo estimado por servicio
"Receta crónica 5 min · Consulta general 15 min · Mamografía 20 min" se muestra debajo del turno. La pantalla calcula el medio histórico y se ajusta solo. El paciente decide si baja al café 10 min sin perder el turno.
Rotación de contenido útil cada 8 s
Entre llamada y llamada rotan 5-10 piezas: consejo de salud del mes, nueva mamografía digital, horario de la nutricionista del miércoles, oferta OTC del farmacéutico, antes/después con permiso del cliente. La espera se siente la mitad.
Multi-mostrador con permisos por usuario
Plan Business: 3 mostradores con 3 pantallas. Cada recepcionista llama desde su móvil y solo aparece en su mostrador. María llama al 142 (Mostrador 1), Carlos al 87 (Mostrador 2) sin pisarse.
RGPD con iniciales + número de turno
"M.G. · TURNO 142 · SALA 3" en pantalla en lugar del nombre completo. La pantalla no guarda datos personales, solo refleja lo que escribes. Cumple RGPD en España y LGPD en Brasil sin que el paciente se sienta expuesto.
Override 1-clic emergencia
"Médica con retraso 20 min", "Caja sólo efectivo", "Evacuación por simulacro", "Mostrador 2 cerrado por almuerzo". Tocas la plantilla preconfigurada desde el móvil y la pantalla cambia al instante. Vuelve sola a la rotación normal a la hora que programes.
Desde 0 € hasta cadena
de 50 sedes
Empiezas gratis con 1 pantalla para siempre. Subes a Pro (19 €) cuando quieras rotación 8 s + tiempo estimado. Business (59 €) para 3 mostradores con permisos por recepcionista.
- Turno actual + 3 siguientes
- 1 plantilla del sector
- Marca de agua Digisini
- Turno + tiempo medio espera
- Plantillas 6 verticales
- Sin marca de agua
- Rotación 5-10 piezas cada 8 s
- Override 1-clic emergencia
- Tiempo estimado por servicio
- Multi-zona (sala + pasillo + recepción)
- Permisos por recepcionista
- Sub-cuentas por mostrador
- Soporte prioritario
- Turnos por sede independientes
- Contenido global + local
- Panel multi-sede
- Soporte dedicado
- API turnos + Doctoralia a medida
- SLA personalizado
- Account manager
Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes
La espera no se acorta:
se vuelve contable
Una pantalla no hace que la consulta vaya más rápido. Lo que cambia es otra cosa, y merece la pena entenderla porque decide qué se pone en pantalla y qué no.
Esperar sin saber cuánto es lo que molesta, no esperar. Quien está sentado con el número 142 y ve que van por el 138 hace una cuenta y se relaja; quien no ve nada mira la puerta cada dos minutos y pregunta en el mostrador. Esa segunda persona es la que interrumpe a recepción, y ese es el ahorro real que nadie mide.
De ahí salen tres consecuencias prácticas que no son obvias:
- El número siguiente vale más que el actual. Ver «142 · SALA 3» dice dónde vas tú; ver también el 143 y el 144 dice cuánto falta. Es la diferencia entre un dato y una cuenta atrás, y cuesta lo mismo mostrarlo.
- Un tiempo estimado que se incumple es peor que ninguno. Si la pantalla dice «espera media 8 min» y llevas veinte, la pantalla ha pasado de tranquilizar a mentir. O el dato es real y se actualiza, o mejor el número de turno a secas.
- El contenido de relleno tiene que ser lento. Entre turno y turno se rota información, y la tentación es meter mucha. Quien está esperando la mira diez minutos seguidos: una rotación rápida cansa y una lenta se lee entera. Ocho segundos por pieza es lo que aguanta una sala; tres, no.
Y una advertencia que va en dirección contraria a lo que vende el sector: hay salas donde la pantalla sobra. Si la espera media real es de tres minutos y se llama por nombre en voz alta, una pantalla añade un aparato y no quita ninguna pregunta. El caso donde funciona es el contrario — esperas largas, varias salas, y una recepción que ya está interrumpida.
La medida honesta de si ha servido no está en la pantalla: cuenta las veces que alguien se acerca al mostrador a preguntar «¿voy yo?» una semana antes y otra después. Si no baja, el problema no era la información.
En España casi nadie va solo
y quien acompaña es quien se acuerda de todo después
Al hijo que lleva a su madre, a la pareja que espera fuera de la consulta, al vecino que hace el favor del coche: nadie les habla. No tienen cita, no aparecen en la agenda y no se les entrega nada — y sin embargo son quienes van a comprar el medicamento, apuntar la próxima cita y contarle al resto de la familia qué ha dicho el médico.
Eso cambia para quién se escribe lo que hay en la pared. Las indicaciones de después —cuándo tomar algo, qué es normal y qué no, cuándo llamar— se le dan al paciente en la consulta, muchas veces mayor, muchas veces nervioso y siempre con prisa. Las mismas frases, puestas donde el acompañante las lee durante veinte minutos, llegan a la persona que además las va a ejecutar. No es información duplicada: es la misma información entregada a quien la va a usar de verdad.
Y hay un motivo práctico por el que funciona mejor ahí que en la consulta: el acompañante puede tomar notas sin quedar mal. Dentro, sacar el móvil para apuntar mientras el profesional habla parece desconfianza o interrupción. En la sala, sentado y sin nadie mirando, hace una foto de la pantalla y ya está. Merece la pena escribir pensando precisamente en eso: frases cortas, sin dependencia del slide anterior y con lo esencial visible de una vez, porque lo que se fotografía es un pantallazo y no una secuencia.
La otra mitad de la sala que nadie planifica son los niños. En una sala llena, el nivel de tensión no lo marca quien espera: lo marca el crío de cuatro años que lleva veinte minutos sin nada que hacer, y todos los adultos de la sala lo notan. Un tramo del bucle pensado para que a un niño le resulte mirable —imágenes tranquilas, sin sonido, sin nada que pedir— no es un adorno: es lo que baja el ruido de la habitación entera, incluido el de la persona que está intentando leer las indicaciones.
Y va separado del contenido clínico, siempre. Mezclarlos hace que el adulto deje de mirar cuando aparecen dibujos y que el niño se aburra cuando aparece texto, con lo cual ninguno de los dos recibe lo suyo. Dos tramos claramente distintos en el mismo bucle resuelven las dos cosas a la vez, y es un reparto que casi ninguna sala hace porque casi nadie ha contado nunca quién está sentado ahí de verdad.
Con franqueza: nosotros mostramos lo que subes y no gestionamos historiales ni citas. Qué se puede indicar por escrito y con qué alcance lo resuelven tu criterio profesional y tu colegio — aquí lo único que sostenemos es que en una sala de espera española hay más gente que pacientes, y que el contenido está escrito casi siempre como si no.
Se oye en la consulta de al lado
y nadie eligió estar en esta sala
Es la única pantalla que está obligada a decirlo todo sin una sola palabra hablada, y eso cambia qué contenido sirve.
El audio no se descarta por gusto: no cabe en el sitio. Atraviesa la puerta de la consulta, se mete en una conversación que debería ser privada y suena encima de gente que está ahí porque no le queda más remedio. Una sala en silencio amplifica cualquier cosa, y un volumen bajo no lo arregla: lo convierte en un murmullo que obliga a esforzarse por entenderlo, que es peor que no ponerlo.
Eso deja fuera media biblioteca de contenido ya hecho. El vídeo institucional con voz en off se queda mudo y sin sentido; el clip pensado para redes pierde la mitad con la música apagada. Lo que sí funciona es otra cosa: texto que se lea sentado a tres metros y un ritmo más lento del que parece razonable en una pantalla, porque leer lleva más tiempo que escuchar y aquí todo se lee.
Y conviene decir claro lo que eso impide. Sin sonido, una pantalla no avisa. No sirve para lo urgente —un cambio de consulta, alguien a quien hay que llamar ya— porque nada garantiza que esa persona esté mirando en ese segundo, y muchas veces está mirando el móvil o a su acompañante. Todo lo que tenga que llegar sí o sí sigue necesitando una voz. Esto es para lo que se lee al levantar la vista, no para lo que no se puede perder.
Con franqueza: si lo que necesitas es llamar a la gente, lo que hace falta es un sistema de turnos con aviso, no una pantalla de contenido. Son dos cosas distintas y conviene no comprarlas confundidas.
Lo que más nos
preguntan
El próximo turno
lo llamas desde el móvil.
Primera pantalla gratis para siempre. Sin tarjeta de crédito. Sin instaladores. Sin dispensadores físicos de ticket.
Empezar gratis14 días de prueba en planes de pago · Cancela cuando quieras
Llévate el botón en tu email
Te mandamos el link de 1 clic para crear tu cuenta cuando quieras. Sin password, sin tarjeta, sin compromiso. Tu primera pantalla GRATIS para siempre.
Sin spam. Te llega el link y ya — tú decides cuándo entras.