El portfolio de tu estudio,
siempre en pantalla
El cliente entra sin saber qué artista encaja con lo que quiere. En la pantalla ve el portfolio de cada uno — realismo, fineline, blackwork — y elige antes de sentarse a hablar. Tú subes el flash del mes y los cuidados post-tatuaje desde el móvil, sin reimprimir folletos ni repetir lo mismo en cada cita.
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Portfolio por artista · guest este finde
Lo que muestras en pantalla
desde el primer día
Plantillas listas para estudio de barrio y estudio con varios artistas.
Portfolio por artista y estilo
Realismo, fineline, blackwork, tradicional, lettering. El cliente ve el trabajo de cada artista en bucle y elige a quién pedirle la cita según el estilo. Es lo que más cierra reservas: la decisión se toma viendo, no preguntando.
Flash del mes y tarifa
Diseños flash disponibles a precio cerrado, sesión desde 80€, mínimo 50€, depósito de reserva. Cambias el flash cada mes desde el móvil, sin reimprimir la hoja pegada en el mostrador.
Cuidados post-tatuaje y normas
El aftercare paso a paso en bucle, las normas de higiene y la mayoría de edad. Reduce las preguntas repetidas y transmite la profesionalidad que un cartel plastificado no transmite.
Guest artists, convenciones y tu Instagram
El guest artist que viene este finde, la convención del mes y tu Instagram con un QR a tu perfil en bucle. Llenas la agenda de los huecos y conviertes paseantes en seguidores.
El plan que necesita
tu estudio
Estudio pequeño con 1 pantalla en recepción: Starter 9€/mes. Estudio con pantalla de recepción (portfolio) + pantalla por cabina: Pro 19€/mes (3 pantallas, el más popular). Estudio grande con varias cabinas y zona de piercing: Business 59€/mes. Cadena multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.
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Dónde va la pantalla
en el estudio de tatuajes
Un tatuaje se elige por el portfolio del artista y se cuida con el aftercare. Cada pantalla trabaja una parte.
Sala de espera
El portfolio por artista y estilo: realismo, fineline, blackwork, tradicional, lettering. El cliente ve el trabajo de cada tatuador y elige al que hace su estilo, que es como de verdad se decide un tatuaje: por la mano del artista, no por el estudio.
Mostrador
El flash del mes a precio cerrado, la sesión desde 80€, el mínimo y la política de depósito. El flash disponible a precio claro llena huecos de agenda con citas rápidas, y el depósito visible reduce los plantones que tanto duelen a un estudio.
Cabina y post
El aftercare paso a paso en bucle, las normas de higiene y el aviso de mayoría de edad. Un buen curado explicado en pantalla protege el resultado —y tu reseña—, y las normas visibles cumplen y transmiten profesionalidad.
Zona social
El guest artist que viene el finde, la convención del mes y tu Instagram con tu mejor trabajo. Los guest y los eventos atraen a un público nuevo, y el feed en pantalla convierte al que entra a preguntar en un seguidor y en una cita.

El portfolio cierra la cita,
el aftercare cuida la reseña
Un estudio de tatuajes vive del trabajo de sus artistas y de su reputación. La pantalla enseña el portfolio, llena la agenda y protege el resultado.
El cliente elige artista, no estudio. Un tatuaje se decide por quién lo hace y en qué estilo, y el cliente quiere ver trabajo real antes de confiar su piel. Un portfolio por artista y estilo —realismo, fineline, blackwork— en la sala de espera lleva al cliente al tatuador adecuado y cierra la cita mucho mejor que pasar fotos en el móvil con prisas. Ve la calidad y el estilo, y llega decidido.
El flash y el depósito ordenan la agenda. Los diseños flash a precio cerrado llenan los huecos con citas rápidas y de decisión fácil, y son ingreso que de otro modo se queda en aire muerto entre proyectos grandes. Y mostrar la política de depósito reduce los plantones —el cliente que no aparece— que son de lo que más daña la agenda de un estudio. La pantalla comunica ambas cosas sin que nadie tenga que explicarlas.
El aftercare protege el resultado y tu reputación. Un tatuaje mal curado es una mala foto y una mala reseña, aunque el trabajo fuera impecable. Tener el aftercare paso a paso en bucle en la cabina asegura que el cliente sepa cuidarlo, protege el resultado final y evita los problemas de cicatrización que acaban en queja. En un negocio que vive del boca a boca y de Instagram, cuidar la reseña es cuidar la agenda.
Con franqueza: no nos integramos con tu agenda de citas ni con tu Instagram de forma automática. Si tu feed está en una URL, la pantalla puede mostrarlo; si no, subes el portfolio y el flash a mano. Las citas siguen por tu vía; Digisini es la capa de pantalla que enseña el trabajo, llena la agenda y cuida el aftercare.
«¿Y si me arrepiento?»
se piensa en todos los estudios y no se pregunta en ninguno
Preguntarlo delante del artista que va a hacer el trabajo parece una falta de confianza, así que la duda se queda dentro y sale por otro lado: en el diseño que se encoge, en la zona que se cambia por otra menos visible, o en la cita que se aplaza «para pensarlo» y no se vuelve a pedir. Contestarla por escrito, antes, es lo más rentable que puede tener esa pared.
Y la respuesta honesta tiene dos mitades, una que el estudio puede dar y otra que no. El cover-up es trabajo de aquí y conviene explicar qué se puede tapar y qué no —una pieza pequeña y clara se cubre bien, una grande y muy oscura condiciona todo lo que venga encima—. La eliminación con láser, en cambio, es un acto médico y no se hace en un estudio de tatuaje. Decirlo, y decir a dónde se va para eso, no le quita trabajo a nadie: le ahorra al cliente el paseo por tres sitios preguntando algo que le van a contestar mal en dos.
Conviene además ser claro con lo que la gente cree que es la salida fácil. Quitar un tatuaje es lento, caro, doloroso y casi nunca deja la piel como estaba: se cuentan sesiones separadas por semanas, y el resultado depende de la tinta, del color y de la zona. Escribirlo no espanta a quien iba a tatuarse — hace que se tatúe mejor: más pequeño de lo que pensaba, en el sitio adecuado, y con un diseño que aguante. Es exactamente lo contrario de perder una venta.
Y hay dos datos prácticos que no cuesta nada dar y que casi nadie conoce. Uno: después de un tatuaje hay que esperar unos meses para donar sangre, cosa que sorprende a mucha gente y que conviene saber antes si se dona con regularidad. Dos: la autorización sanitaria del local y la formación higiénico-sanitaria de quien tatúa existen, están reguladas y son lo único que el cliente puede comprobar en un sector donde todo lo demás es un porfolio en el móvil.
Todo esto va en la pared y no en la conversación por el mismo motivo de siempre. Quien está sentado esperando su turno, o acompañando a alguien, no va a preguntar nada de esto en voz alta delante de los demás. Leído, en cambio, se lo lleva puesto — y el estudio que se lo contó es el que recuerda cuando, dos años después, le pregunte a alguien dónde tatuarse.
Con franqueza: nosotros mostramos lo que subes y no somos autoridad sanitaria. Qué autorizaciones exige tu comunidad y qué actos corresponden a un profesional sanitario lo resuelven la normativa y tu asociación — aquí lo único que sostenemos es que esa duda existe en todas las salas de espera de este oficio, que nadie la formula, y que contestarla por escrito hace que se tatúen mejor en vez de menos.
Dudas comunes
de tatuadores
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