La carta de tu salón de uñas,
siempre al día
Subes el precio del semipermanente y la pantalla lo cambia sola, sin retocar el cartel pegado en el espejo. Mientras tu clienta espera o se le seca el esmalte, ve un lookbook de diseños y llega a la mesa con la idea clara — muchas veces con un nail art que no había pensado. Lo gestionas desde el móvil entre clienta y clienta.
Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta · Offline 48 h
Diseño del mes + nail art desde +5€
Lo que muestras en pantalla
desde el primer día
Plantillas listas para salón de uñas de barrio y nail bar urbano.
Carta de servicios y precios al día
MANICURA SEMIPERMANENTE 18€ · UÑAS ACRÍLICAS 35€ · PEDICURA 25€ · RETIRADA 8€ · NAIL ART desde +5€. Cuando cambias un precio o añades un servicio, lo subes desde el móvil y la pantalla se actualiza en 2-3 segundos.
Lookbook de diseños y colores
Francesa, baby boomer, efecto espejo, diseños de temporada. La clienta ojea estilos mientras espera y elige el suyo sin tener que describirlo. Es el caso que más sube el ticket: del semi simple al nail art.
Turno y siguiente en la cola
Quién es la siguiente y minutos aproximados de espera. La clienta que entra ve si le toca pronto sin preguntar. Tú sigues con la uña sin levantar la vista.
Promo del mes, productos y tu Instagram
La promo de pedicura de verano, el kit de cuidado de cutículas en venta y tus mejores trabajos o tu Instagram en bucle. Llenas huecos de agenda y vendes producto sin ofrecerlo en cada cita.
El plan que necesita
tu salón de uñas
Salón pequeño con 1 pantalla: Starter 9€/mes. Salón con pantalla de espera (lookbook) + pantalla de carta en los puestos: Pro 19€/mes (3 pantallas, el más popular). Salón grande con varias zonas: Business 59€/mes. Cadena multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.
Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes
Dónde va la pantalla
en el salón de uñas
Un salón de uñas vende el diseño y sube con el semipermanente. Cada pantalla trabaja una parte.
Escaparate y espera
El lookbook de diseños —francesa, baby boomer, efecto espejo, diseños de temporada— rotando. La clienta ojea estilos mientras espera y llega al puesto con una idea clara, muchas veces un diseño más elaborado del que traía en mente.
Puestos de trabajo
La carta de servicios con precios: manicura semipermanente, uñas acrílicas, pedicura, retirada, nail art. Con el precio de cada técnica claro, la clienta se decide por el semipermanente o el diseño sin tener que preguntarlo todo.
Zona de espera
El turno y quién es la siguiente, con los minutos aproximados. La clienta que entra sin cita ve si le toca pronto sin preguntar "¿quién va la última?", y ordena la sala en las horas punta del sábado.
Zona de venta
La promo del mes, el kit de cuidado de cutículas o el aceite en venta, y tu Instagram con tu mejor trabajo. La clienta que se cuida las uñas se lleva el producto de mantenimiento, y tu feed convierte a la que entra en seguidora.

El lookbook vende el diseño,
el semipermanente hace volver
Un salón de uñas sube el ticket con el diseño que enseña y fideliza con el semipermanente y las acrílicas. La pantalla trabaja las dos.
El lookbook sube del básico al diseño. La clienta que ve una buena francesa, un efecto espejo o un nail art de temporada en pantalla pide ese diseño, no la manicura básica. Enseñar tu mejor trabajo mientras espera sube el ticket de forma natural: el mismo tiempo de puesto se convierte en un servicio de más valor, y la clienta llega decidida a lo que ha visto en vez de a lo mínimo.
El semipermanente y las acrílicas son la recurrencia. El semipermanente dura tres semanas y las acrílicas necesitan relleno: esa caducidad es lo que hace volver a la clienta como un reloj. Tener los servicios y sus precios claros en el puesto empuja hacia la técnica que dura —y que fideliza— frente al esmalte normal, y convierte una visita suelta en una clienta de cada tres semanas.
El producto y las redes cierran el círculo. La clienta que se cuida las uñas quiere el aceite de cutículas o el kit de mantenimiento que alarga su manicura, y lo compra si lo ve en la zona de venta. Y tu Instagram en pantalla convierte a la que entra a preguntar en seguidora, que es como una clienta nueva encuentra tu salón hoy. La pantalla une el trabajo, el producto y las redes.
Con franqueza: no gestionamos las citas ni la cola. Si usas Booksy, Treatwell o Fresha, sigues con ellos; la pantalla muestra el turno y los minutos aproximados, pero la reserva la lleva tu app. Digisini es la capa de pantalla que enseña el diseño, sube al semipermanente y vende el producto.
Las clientas ya han leído sobre los productos
y llegan con una pregunta que el salón contesta de pasada
Este es de los pocos sectores donde la clienta se informa antes de sentarse: vídeos sobre ingredientes retirados, sobre lámparas, sobre esmaltes reformulados. Llega con la duda medio hecha, no siempre bien hecha, y la plantea de lado mientras le liman. Contestarla bien de pasada es imposible; contestarla escrita, antes, es lo más fácil que hay en esa sala.
El caso reciente es el mejor ejemplo: la retirada europea de un fotoiniciador que estaba en muchísimos geles. La normativa cambió, los fabricantes reformularon y los salones tuvieron que revisar existencias. Para la clienta que ha visto un vídeo alarmista, la única respuesta tranquilizadora no es «no pasa nada»: es decir qué marcas se usan aquí, que están reformuladas y desde cuándo. Es verificable, no cuesta nada y te distingue del salón que ni sabe de qué le hablan.
La segunda pregunta que llega sola es la lámpara. Aquí lo honesto y lo útil coinciden: explicar cuánto dura la exposición realmente, y ofrecer sin que lo pidan la protección para las manos —guantes recortados o protector solar antes de la sesión—. Ofrecerla es lo que convierte una duda incómoda en una atención; esperar a que la clienta la pida hace que la mitad no se atreva y se quede con la duda entera.
Y la tercera no la pregunta nadie y es la que más dice de un salón: el material. Qué se esteriliza, qué es de un solo uso, dónde se guarda lo limpio. En un sitio donde se trabaja con lima y alicate sobre piel, es la información que la clienta no puede evaluar mirando —y que, escrita, la coloca por encima de una comparación de precio con el local de al lado, que es exactamente donde este oficio se desangra.
Hay una cuarta, que es interna y conviene decirla igual: la aspiración del polvo. Quien está ocho horas al día detrás de esa mesa respira todo el día lo que se lima. Un salón que tiene extracción y lo cuenta no está presumiendo de equipamiento: está diciendo cómo trata a su gente, y eso lo leen tanto las clientas como la técnica que estás intentando que no se vaya a otro salón dentro de seis meses.
Con franqueza: nosotros mostramos lo que subes y no analizamos productos. Qué ingredientes están restringidos y qué exige tu comunidad en materia de higiene lo resuelven la normativa vigente, tu proveedor y tu asociación — aquí lo único que sostenemos es que esas preguntas ya están llegando a tu sala desde el móvil, y que contestarlas por escrito cuesta menos que contestarlas veinte veces al día.
Dudas comunes
de salones de uñas
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