La tarifa de tu barbería,
siempre al día
Subes el precio del corte+barba y la pantalla lo cambia sola, sin reimprimir el cartón pegado al espejo. Mientras el cliente espera su turno, ve un lookbook de cortes y se anima a pedirse también el diseño de barba. Lo gestionas desde el móvil entre cliente y cliente.
Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta · Offline 48 h
Siguiente turno: Carlos · ~15 min
Lo que muestras en pantalla
desde el primer día
Plantillas listas para barbería de barrio y barber shop urbana.
Tarifa de servicios siempre al día
CORTE 12€ · CORTE + BARBA 18€ · AFEITADO A NAVAJA 15€ · ARREGLO DE BARBA 8€. Cuando subes un precio lo cambias desde el móvil y la pantalla se actualiza en 2-3 segundos. Se acabó tachar el cartón pegado al espejo.
Lookbook de cortes en bucle
Fades, mid skin, texturizado, diseños de barba. El cliente ve estilos mientras espera y llega a la silla con la idea clara. Menos "lo de siempre" y más servicios extra pedidos.
Turno y siguiente en la cola
Quién es el siguiente y minutos aproximados de espera. El cliente que entra ve si le toca pronto sin preguntar "¿quién va?". Tú sigues cortando sin interrumpirte.
Productos, packs y tu Instagram
Cera, aceite de barba y pomada en venta, el pack corte+barba del mes y tus mejores reseñas o tu Instagram en bucle. Vendes producto sin tener que ofrecerlo en cada cita.
El plan que necesita
tu barbería
Barbería de 1-2 sillas con 1 pantalla en la espera: Starter 9€/mes. Con pantalla de espera + pantalla de espejo para productos: Pro 19€/mes (3 pantallas, el más popular). Local grande: Business 59€/mes. Cadena multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.
Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes
Dónde va la pantalla
en la barbería
La barbería es negocio de proximidad y de walk-in: el escaparate capta al que pasa y el lookbook sube el servicio. Cada pantalla tiene su sitio.
Escaparate a pie de calle
La tarifa clara (CORTE 12€ · CORTE + BARBA 18€ · AFEITADO A NAVAJA 15€) y un lookbook de fades y diseños de barba rotando. La barbería vive del cliente de paso: el que pasa y ve un buen degradado en pantalla entra, y el que ve los precios claros no duda.
Zona de espera
El lookbook de cortes —mid skin, texturizado, fade, diseños de barba— y tu Instagram en bucle, con el turno y los minutos aproximados de espera. El cliente llega a la silla con la idea clara y no se marcha porque no sabe cuánto le queda.
Encima del espejo
El upselling silencioso: cera, pomada, aceite de barba y el pack corte+barba del mes, con precio. El cliente está quince minutos mirándose al espejo; al lado, el producto que el barbero acaba de usar en su pelo. Sube el ticket sin vender.
Recepción y caja
El bono de cortes, la tarjeta de fidelización y el recordatorio de la próxima cita. El momento de pagar es cuando el cliente decide si vuelve; "5º corte gratis" o "reserva ya la próxima" cierra la fidelización antes de que salga.

El escaparate capta,
el lookbook sube el ticket
Una barbería no sube facturación bajando precios, la sube captando al que pasa, vendiendo el servicio de más valor y colocando producto de margen.
El escaparate es tu captación número uno. La barbería es negocio de calle: la mitad de los clientes entran porque pasaban por delante. Una pantalla brillante con un fade impecable y la tarifa clara capta más que cualquier cartel, y trabaja también el domingo cuando estás cerrado, con tu Instagram y el horario del lunes.
«Corto por los lados» significa cinco cosas distintas, y te enteras a los diez minutos. Para entonces la máquina ya ha pasado, y lo que él tenía en la cabeza ya no se puede. No hay discusión: hay un tío que dice que está bien y no vuelve a reservar. El problema entero es que un corte se describe con palabras, y quien lo describe no tiene las palabras. Una foto lo cierra antes de ponerle la capa: señala, asientes, y los dos estáis mirando la misma cabeza. Treinta segundos que quitan la única queja que una barbería no puede arreglar después.
El producto de margen se vende solo en el espejo. Aceite de barba, pomada, cera: márgenes altos que el barbero no tiene tiempo de ofrecer. La pantalla encima del espejo lo hace por él, en el momento exacto en que el cliente se ve el resultado y piensa "cómo lo mantengo en casa".
Con franqueza: no gestionamos las citas ni la cola. Si usas Booksy, Treatwell o Fresha, sigues con ellos; Digisini muestra el turno y los minutos aproximados, pero la reserva la lleva tu app. Somos la capa de pantalla que capta, enseña y vende, no un sistema de citas.
Las once de la mañana de un martes
no se llenan con más clientes: se llenan con otro producto
Una barbería no tiene un problema de demanda, tiene un problema de forma: el sábado no cabe nadie y el martes por la mañana hay dos sillones parados. Bajar el precio a todas horas para llenar esas dos horas es pagar el descuento también en las horas que ya estaban llenas, que es la manera más cara posible de resolverlo.
El precio de una hora vacía no es cero: es negativo. El local está abierto, la luz encendida y alguien cobrando, así que cada hora sin sillón ocupado se paga igual. Por eso la comparación correcta nunca es «cuánto cobro por este corte» sino «cuánto me cuesta ese hueco si sigue vacío» — y en cuanto se mira así, un servicio más barato a las once de un martes deja de parecer una rebaja y pasa a ser una hora rescatada.
La clave es que sea otro producto, no el mismo más barato. Un corte de doce euros que los martes vale ocho no es una promoción: es un anuncio de que doce era demasiado. Un servicio distinto —el sillón del aprendiz, un corte de mantenimiento entre visitas, el arreglo de barba sin lavado— tiene su propio nombre, su propia duración y su propio precio, y no toca el precio de nada más. El cliente del sábado no se siente estafado porque no está comprando lo mismo.
Y el sillón del aprendiz es, además, cómo se forma la plantilla que no encuentras. Esa es la otra mitad del asunto: el sector vive de aprender cortando, y en España hay una figura de contrato pensada exactamente para eso, con la formación dentro y con bonificaciones en la cotización. Muchas barberías pequeñas no la usan porque nadie se lo ha explicado, y acaban con un ayudante en negro o sin ayudante ninguno. Merece la pena preguntarlo en la gestoría antes de dar por hecho que no compensa: si compensa, las horas muertas dejan de ser un agujero y pasan a ser las horas en las que se forma a alguien.
Y el escaparate es lo único que puede vender una hora que empieza dentro de veinte minutos. Ninguna red social llega a tiempo a eso, y un cartel impreso no puede decir «hueco a las 11:40». Es la única información del negocio que caduca el mismo día en que se escribe, y por eso es la que más gana al pasar de papel a pantalla: se pone por la mañana al ver la agenda, se quita sola y no deja rastro los días en que no hace falta.
Con franqueza: nosotros mostramos lo que escribes y no gestionamos tu agenda ni tus contratos. Qué contrato de formación te encaja y qué bonificaciones tiene hoy lo resuelve tu gestoría — aquí lo único que sostenemos es que la hora vacía cuesta dinero, que el descuento general es la forma cara de llenarla y que el escaparate es el único sitio donde una hora suelta se puede vender.
Dudas comunes
de barberos
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