Tu sala de espera,
una vitrina que vende
La estilista cambia el descuento de la pantalla desde el móvil entre cliente y cliente: "MARTES MAÑANA -20% MECHAS". El cliente que entra a las 11:30 lo ve, pide cita para el martes, llenas el hueco. La pantalla muestra carta, antes/después y producto en venta — sin imprimir cartelería, sin pegar precios.
Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta · Cambias precios desde el móvil
MARTES MAÑANA · 11:00 - 14:00
Lo que muestras en pantalla
desde el primer día
Templates listos para peluquería de barrio, barbería moderna y centro de estética.
Carta de servicios + precios
CORTE 18€ · BALAYAGE 75€ · MECHAS 65€ · KERATINA 90€ · ARREGLO DE BARBA 12€. Con duración estimada y qué incluye cada servicio. Cambias el precio de una coloración o retocas el de la keratina desde el móvil cuando sube el producto — sin reimprimir ni pegar etiquetas encima.
Antes/después de clientes
Galería rotando con el consentimiento firmado de cada cliente. Un balayage bien matizado o un degradado limpio en pantalla vende ese mismo servicio al cliente de la silla de al lado. La mejor publicidad es tu propio trabajo, gestionado RGPD-friendly desde la app.
Producto en el tocador + ticket medio
Champú y mascarilla profesional, sérum de puntas, cera, aceite de barba. Foto, precio y para qué tipo de cabello. La pantalla del tocador hace el upselling que a ti te da pereza soltar: sube el ticket medio del cliente que ya está sentado, sin que tengas que vender nada.
Descuentos de hora valle automáticos
Martes por la mañana -20%, miércoles de 11 a 14 -15%, viernes después de las 19h -10%. La pantalla enseña el descuento del momento sola, por franja horaria. Llena los huecos muertos de la agenda — esas horas que se quedan vacías entre semana — sin ponerte a llamar clientes uno a uno.
El plan que necesita
tu peluquería
Peluquería de barrio con 1 pantalla en sala de espera o vitrina: Starter 9€/mes. Salón mediano con vitrina + sala espera + zona lavado: Pro 19€/mes (3 pantallas, más popular). Salón grande con cabinas de estética + barbería separada + recepción: Business 59€/mes. Cadena multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.
Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes
Qué pantalla
en cada zona del salón
No es lo mismo la pantalla que capta al cliente de paso en el escaparate que la que sube el ticket en el tocador. Cada una hace un trabajo distinto.
Escaparate a pie de calle
Vertical y sobre todo brillante: una tele normal de 300 nits desaparece con el sol de la tarde, para el escaparate necesitas 700 nits o más. Aquí va el gancho — "MARTES -20% BALAYAGE" o un antes/después potente— con un QR para pedir cita desde el móvil. Es tu comercial cuando el salón está cerrado: se ve las 168 horas de la semana, no solo las 40 que abres.
Sala de espera
La carta de servicios con duración (color, mechas, keratina, recogido) y el antes/después rotando. El cliente espera menos aburrido, se familiariza con precios antes de sentarse y muchas veces sale pidiendo un servicio en el que no había pensado al entrar. Aquí basta un 32"–43" horizontal.
Tocador y puesto de trabajo
La pantalla que hace el upselling silencioso: champú profesional, mascarilla de puntas, aceite de barba, sérum. El cliente está sentado quince o cuarenta minutos mirando al espejo; al lado, el producto que acabas de usar en su pelo, con precio. Sin sonido, sin marketing agresivo.
Recepción y caja
Bonos de sesiones, tarjeta de fidelización, recordatorio de la próxima cita y promoción de temporada. El momento de pagar es cuando el cliente decide si vuelve; una pantalla con "10% en tu próxima keratina si reservas hoy" cierra la siguiente cita antes de que salga por la puerta.

El problema de un salón
no es la falta de clientes
Son los huecos de hora valle, los no-shows y el ticket medio que se queda corto. Ahí es donde una pantalla mueve dinero de verdad.
Llenar la hora valle sin llamar a nadie. Un martes por la mañana medio vacío no se arregla con más publicidad, se arregla ofreciendo el hueco a quien ya tienes delante. La clienta que entra a las 11:30 para un corte ve "martes mañana -20% en mechas", y pide cita para el martes. Has llenado una franja muerta con la agenda que ya pasa por tu puerta.
El escaparate trabaja de noche y en fin de semana. A pie de calle, un balayage o un degradado bien rematado en una pantalla brillante capta más que cualquier vinilo impreso, y lo cambias en treinta segundos cuando cambia la promo. Quien pasa un domingo por la tarde —justo cuando no puedes atenderle— se lleva el QR y reserva para el lunes.
El antes/después como prueba social, y legal. Nada vende un color como el color bien hecho. Con Digisini subes las fotos con el consentimiento del cliente firmado en la app, y rotan solas en la sala de espera; las fotos viven en tus carpetas, no en una red social ajena. Es la reseña de cinco estrellas, pero en la pared.
Con franqueza: no gestionamos tu agenda ni cobramos. Para las citas y la caja sigue con tu software (Booksy, Treatwell, Shortcuts o el que uses); Digisini es la capa de pantalla que enseña, vende y llena huecos, no un programa de gestión de salón. Y lo decimos ahora, no después de la prueba.
La clienta que lleva dos años
queriendo cambiar de color
El servicio que más factura es el que más miedo da, y ese miedo no se quita con un cartel de precios.
El «no me atrevo» dura años, no semanas. De oscuro a rubio no es un corte: es una decisión que la clienta lleva dando vueltas desde hace temporadas, y que aplaza cada vez que se sienta. No la frena el precio. La frena no saber si va a salir de aquí con lo que tenía en la cabeza o con un desastre que tardará ocho meses en crecer. Ninguna lista de servicios contesta a eso, porque la pregunta no es cuánto cuesta.
Lo único que convence es una cabeza parecida a la suya. No un catálogo de la marca, no una modelo: una clienta de este salón, con su punto de partida, y el número de sesiones que hicieron falta. Eso es lo que se mira dos veces y se comenta con la de al lado. Un antes/después con «tres sesiones, seis meses, mantenimiento cada ocho semanas» hace el trabajo que no hace ningún argumento de venta, porque no está vendiendo: está enseñando lo que pasó.
Y decir el proceso quita más miedo que decir el precio. La transformación grande casi nunca es un día: es un plan. Enseñarlo como tal —lo que se hace hoy, lo que se hace en la siguiente, cuánto hay que esperar entre una y otra— convierte una cifra que asusta en un calendario que se entiende. La clienta que ve el plan pregunta; la que solo ve el precio se calla y se va pensando que ya volverá.
Con franqueza: la pantalla no decide por ella ni sustituye la consulta de color, que sigue siendo tuya y presencial. Lo que hace es que llegue a esa consulta con la pregunta hecha en vez de con la duda entera.
Dudas comunes
de dueños de salón
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encendida esta tarde.
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