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Guía paso a paso · Actualizado 2026

Cómo crear un código QR
para el menú de tu restaurante

Tres pasos para generar un QR gratuito que apunte a tu carta online. Más una alternativa que llega a más clientes: pantalla TV digital visible desde la entrada, la barra y la mesa.

QR gratis · Sin app · Sin coste recurrente

📱 + 📺
QR + TV

Cubrir mesa + barra + entrada

La combinación ideal

Crear un QR para tu menú
en 4 pasos

Esto es lo mínimo viable. Gratis, sin app, sin coste recurrente.

01

Sube tu menú a una URL pública

Necesitas un sitio donde tu carta sea accesible online. Opciones gratis: PDF subido a Google Drive con permisos públicos, página de Notion publicada, blog en WordPress.com. Si tienes web propia, súbelo allí. Lo importante: una URL fija que tú controles.

02

Genera el código QR (gratis)

Generadores gratuitos confiables: qr-code-generator.com, Adobe Express QR, o el botón "compartir" del navegador Chrome (que tiene generador integrado). Pegas la URL del paso 1, descargas el QR en PNG o SVG. Cero coste, cero login.

03

Imprime y coloca en cada mesa

Imprime el QR en pegatinas, manteles, flyers laminados o portamenús. Acompáñalo de un texto explicativo: "Escanea para ver nuestra carta". Si el local tiene barra, pon también un QR visible ahí.

04

Considera complementar con pantalla TV

El QR solo llega a clientes ya sentados. Una pantalla TV digital muestra tu menú a todos los que entran al local — incluso antes de sentarse, en barra y en sala de espera. La combinación QR + TV digital es lo que mejor convierte.

Lo que el QR
no puede

Útil saberlo antes de decidir si solo QR te basta.

Limitaciones del menú QR

  • El cliente necesita móvil con batería + datos
  • No llega a clientes en barra ni en pie
  • No anuncia tu plato del día desde la calle
  • Cambiar el menú = re-subir el PDF/web (puede tener delay)
  • Imposible programar oferta horaria automática

Pantalla TV digital con Digisini

  • ✓ Visible para TODO el que entra al local
  • ✓ Cliente no necesita sacar el móvil
  • ✓ Cambias precios desde el móvil en segundos
  • ✓ Programas happy hour automática
  • ✓ Imágenes y vídeos del plato del día
  • ✓ Desde 0 €/mes (plan gratuito)

Setup pantalla digital
en 3 pasos

Si después de leer la guía decides montar también pantalla TV, este es el flujo Digisini.

01

Conecta cualquier TV

Smart TV con navegador, Fire Stick, Chromecast o Android TV. Abres player.digisini.com en la TV. Sale un PIN.

02

Vincula desde tu móvil

En tu panel Digisini (móvil o PC) introduces el PIN. La pantalla queda vinculada en segundos.

03

Sube menú y programa horarios

Subes fotos de platos, precios. Programas desayuno, comida y cena automáticamente. Cambias precios cuando quieras desde el móvil.

Funciona en
cualquier pantalla

No necesitas hardware especial. Si la TV tiene navegador, Digisini funciona.

Smart TV

Samsung, LG, Sony, Philips con Chrome o Firefox incorporado. Sin instalar nada.

Android TV

Android TV, Google TV, cajas Android. La opción más estable para una TV encendida todo el día.

Amazon Fire Stick

Fire Stick 4K y 4K Max. Navegador Silk preinstalado. Lista en 5 minutos.

Chromecast

Chromecast con Google TV. Compatible con cualquier TV que tenga HDMI.

Desde
9 € al mes

Plan gratuito con 1 pantalla. Starter a 9 €/mes es el más elegido por bares: 1 pantalla sin marca de agua, actualizaciones ilimitadas.

Probar gratis 14 días

Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes

Un QR para leer la carta
y un QR para pedir no son lo mismo

Casi todo lo que se vende bajo la misma etiqueta hace dos cosas distintas, y elegir la equivocada se nota en la sala. Conviene separarlas antes de contratar nada, porque el precio y las consecuencias tampoco se parecen.

La carta se lee; la comanda cambia cómo trabajas

Un QR que abre la carta sustituye a un papel y no toca el servicio: el cliente lee, y luego pide a quien le atiende igual que siempre. Un QR que además permite pedir y pagar es otro producto — cambia el circuito de la comanda, obliga a que alguien mire una pantalla en cocina, y hay que decidir qué pasa cuando una mesa pide por el móvil y otra a viva voz. Lo primero se monta en una tarde. Lo segundo es un cambio de forma de trabajar, y falla cuando se instala como si fuera lo primero.

En una barra no hay dónde pegar el código

Buena parte de la hostelería española no funciona con mesas asignadas: la gente entra, se pone en la barra, pide de pie y se va. Ahí el adhesivo en la mesa no existe, y el QR pierde su sitio natural. Lo que sí funciona en barra es lo contrario — algo que se lea sin hacer nada, a la altura de los ojos y desde metro y medio, porque quien está de pie no va a sacar el móvil para decidir entre dos raciones. El código sigue teniendo sentido para la carta larga en el comedor, no para la barra.

Quien lo actualiza está en la cocina a las once

La pregunta práctica llega a los quince días: cambia el plato del día, y quien sabe cuál es está emplatando. Si actualizarlo exige un ordenador en la oficina, se hará al día siguiente y la carta mostrará durante todo el servicio algo que ya no hay. Lo que aguanta en el tiempo es lo que se cambia desde el móvil en treinta segundos entre dos preparaciones. El criterio para elegir no es cómo queda, es quién puede cambiar una línea sin pedirle permiso a nadie.

El adhesivo dura más que el servicio que lo generó

Los adhesivos de las mesas y del escaparate se quedan años; el servicio que generó el código, no necesariamente. Si apunta a un acortador ajeno o a una cuenta de prueba, el día que esa cuenta caduca mueren todos los códigos a la vez y ninguno de los impresos se puede corregir. Una dirección en tu propio dominio, redirigida por dentro, no cuesta un euro más y te deja cambiar el destino tantas veces como haga falta sin volver a imprimir nada.

Antes de mirar precios conviene contestar dos preguntas: ¿quieres que el cliente lea o que además pida?, y ¿en tu local hay mesas donde pegar algo? Las dos respuestas descartan la mitad de las opciones del mercado en cinco minutos, y ninguna de las dos tiene que ver con la parte que suelen enseñar en las demostraciones.

«Pregunte al camarero» no cubre los alérgenos
aquí la información tiene que estar disponible por escrito

Es una diferencia real con otros países y casi nadie la tiene presente: en España la información sobre alérgenos de la comida servida sin envasar debe poder facilitarse de forma escrita y accesible, no solo de palabra. Lo verbal puede acompañar; no puede ser lo único. Y ahí la carta digital deja de ser una comodidad y pasa a ser el sitio natural donde eso vive.

Porque la matriz de alérgenos es el documento que peor envejece de toda la casa. Cambia con el proveedor, con la receta, con la salsa que hoy es de otra marca y con el plato nuevo que entró el jueves. En papel eso significa una hoja plastificada en la barra, impresa hace año y medio, que nadie ha vuelto a mirar y que sigue diciendo lo que era cierto entonces. Una información equivocada aquí es peor que ninguna, porque alguien se fía de ella para decidir si come.

Y la forma correcta de resolverlo no es un anexo, es ponerlo junto al plato. Una lista aparte obliga a cruzar dos documentos —el nombre del plato aquí, los catorce alérgenos allá— y quien lo hace mal es precisamente quien tiene prisa o no ve bien. Marcado en cada plato, la consulta dura un segundo y no exige que nadie explique nada en voz alta delante de la mesa, que es la parte que más incomoda a quien tiene una alergia y ha aprendido a que le miren cuando pregunta.

Al lado va la otra línea que sigue apareciendo mal en cartas de toda España: los precios llevan el IVA incluido. Un «IVA no incluido» al final de la carta no es un matiz de contabilidad: el precio que se anuncia al consumidor es el que va a pagar. Es un error de los que se arrastran de una plantilla vieja y sobreviven porque nadie relee la carta entera desde el punto de vista de quien la lee por primera vez.

Y de ahí sale la única revisión que merece la pena hacer una vez al año, con la carta abierta en el móvil y no en el ordenador. Comprobar tres cosas por plato: que el precio es el que se cobra, que lo que lleva es lo que lleva hoy y que los alérgenos corresponden a la receta actual. Es aburrido, se hace en una mañana, y es exactamente lo que separa una carta digital que sirve de algo de un PDF nuevo con los errores del antiguo.

Con franqueza: nosotros mostramos lo que subes y no analizamos recetas ni verificamos alérgenos. Qué hay que informar y en qué forma lo resuelven la normativa y tu asesoría — aquí lo único que sostenemos es que en España lo verbal no basta, que esa información cambia más de lo que parece y que junto al plato se lee y en un anexo no.

Cuatro idiomas no cuestan cuatro imprentas
pero traducir la carta entera es justo lo que no hay que hacer

En agosto, en una mesa de ocho, hay tres que no leen español. Hasta ahora eso se resolvía con una carta plastificada en inglés de hace cuatro veranos, o no se resolvía.

Lo que cambia no es el coste de imprimir, es el de actualizar. La versión en inglés va siempre dos precios por detrás por una razón muy concreta: reimprimirla es una segunda decisión, y esa decisión no la toma nadie un martes de julio. Con la carta en una página, la inglesa cambia el mismo día que la española o no cambia ninguna, porque es la misma edición. Ahí está el valor de verdad, y no en la novedad de enseñar el móvil.

La trampa está en traducirlo todo, y se nota enseguida en la sala. El nombre del plato se queda en español: un rabo de toro o un pulpo a feira traducidos palabra por palabra dejan de poder buscarse y, sobre todo, dejan de servir para señalar — el camarero ya no reconoce lo que la mesa está apuntando con el dedo. Lo que sí se traduce es la línea de debajo: qué lleva, cómo está hecho, si es para compartir. Y los alérgenos no se traducen ni a mano ni con un traductor automático: son una lista cerrada de catorce con nombre oficial en cada idioma, y se toman de esa lista tal cual. El orden que funciona es siempre el mismo — nombre en español, descripción en el idioma del cliente, alérgenos en su denominación oficial. La prueba de que está bien hecho no es que se lea bonito: es que la mesa señale la pantalla y el camarero entienda lo mismo.

Preguntas frecuentes
sobre QR para menú

Tres cosas: 1) tu menú accesible online (web propia, PDF en Drive, Notion pública), 2) un código QR generado gratis (varias herramientas online), 3) imprimir y pegar el QR en cada mesa.
Opciones gratuitas: PDF en Google Drive (público), página de Notion pública, blog en Wordpress.com gratis. Opciones de pago: web propia, herramientas tipo BuenaCarta o Recafy. Para ver el menú en pantalla TV del local: Digisini desde 0€/mes.
qr-code-generator.com, adobe.com/express/feature/image/qr-code-generator y el generador integrado de Google Chrome (botón compartir → generar QR) son gratis y los QR no caducan. Evita generadores que pidan login y prometan "QR dinámico" gratis — suelen tener letra pequeña.
Un QR estático (apunta a una URL fija) NO caduca nunca. Lo que puede "caducar" es la página de destino — si cambias la URL, el QR ya no funciona. Solución: usa una URL fija que controles tú (ej. tucarta.tudominio.com).
Depende del flujo. QR funciona cuando el cliente está sentado con su móvil. Pantalla TV digital cubre TODO el local: barra, entrada, sala de espera. Para restaurantes con mesas grandes lo ideal es combinar: QR en cada mesa + pantalla TV en pared. Ver comparativa completa.
Plan gratuito Digisini: 0€/mes para 1 pantalla con marca de agua. Plan Starter: 9€/mes sin marca de agua. Mucho más económico que reimprimir cartas cada vez que cambian precios o platos. Ver todos los planes.
Sí. Una opción común: la pantalla TV muestra el menú del día + un QR estático encima que lleva a la carta completa online. Así cubres a clientes en barra (ven la pantalla) y en mesa (escanean el QR). Ambos canales en una sola pantalla.
Son dos productos distintos. El de carta sustituye a un papel y no toca el servicio: el cliente lee y pide igual que siempre. El que permite pedir y pagar cambia el circuito de la comanda, obliga a que alguien mire una pantalla en cocina y a decidir qué pasa cuando una mesa pide por el móvil y otra a viva voz. Lo primero se monta en una tarde; lo segundo es un cambio de forma de trabajar.
Poco. Quien está de pie no saca el móvil para decidir entre dos raciones, y además no hay mesa donde pegar el adhesivo. En barra funciona lo contrario: algo que se lea sin hacer nada, a la altura de los ojos y desde metro y medio. El código conserva su sentido para la carta larga del comedor.
Quien está en la cocina a las once, desde el móvil y en treinta segundos. Si hace falta un ordenador en la oficina, el cambio se hará al día siguiente y la carta mostrará durante todo el servicio algo que ya no hay. El criterio no es cómo queda, es quién puede cambiar una línea sin pedir permiso.

El QR cubre la mesa.
La pantalla cubre el resto del local.

Si ya tienes QR, súmale una pantalla TV digital. Plan gratuito incluido y configurada en cinco minutos desde el móvil.

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