Pantalla de
horarios
que cambia sola
Pilar, dueña del Café Aurora en Valencia, configuró el calendario una vez en marzo: martes a domingo 7:00-14:00, lunes cerrado, vacaciones del 1 al 15 de agosto, Navidad y Semana Santa. La pantalla del escaparate cambia ABIERTO/CERRADO sola minuto a minuto y los paseantes nocturnos ven cuándo abre mañana. Pilar no toca nada en todo el año.
Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta de crédito · Cancela cuando quieras
Seis cosas que hace
esta pantalla
Cada función pensada para negocios que se pasaron años imprimiendo cartelitos de horario y cambiándolos a mano cada festivo.
ABIERTO / CERRADO en tiempo real
La pantalla conoce tu horario y cambia el estado sola minuto a minuto. A las 14:00 pasa de ABIERTO a CERRADO y muestra "Mañana 7:00". El paseante de noche descubre cuándo abres sin tener que entrar.
Calendario anual de festivos programado
Configuras 24 y 31 dic cerrado, 25 dic festivo, Semana Santa de viernes a lunes, fiestas locales (San José, Fallas, Hogueras) y la pantalla los aplica solos cada año. Semana Santa cambia de fecha y se ajusta sola.
Vacaciones programadas meses antes
En marzo configuras el cierre del 1 al 15 de agosto. Desde el 1 de julio la pantalla muestra "Vacaciones del 1 al 15 ago, abrimos el 16". Los clientes habituales se enteran sin que tengas que poner un cartel a mano.
Multi-sede con horarios distintos por local
Plan Network: cada sede gestiona su horario propio desde el panel central. La sede del centro abre 7-14, la del barrio 8-15, la cafetería de la estación 6-22 los siete días. Cada pantalla muestra el suyo.
Override 1-clic emergencia
Hoy cierras a las 12:00 por inventario, hay corte de luz, fiesta del barrio o boda del hijo. Tocas "cierre temporal" desde el móvil y la pantalla cambia al instante. Vuelve a horario normal automáticamente al día siguiente.
Sync Google Calendar / iCal eventos
Conectas tu Google Calendar y los eventos (charla con el panadero, taller infantil, asistente cumple años, cata vino) aparecen en pantalla sin que toques el panel. Solo añades el evento al calendario como siempre.
Desde 0 € hasta cadena
de 50 locales
Empiezas gratis con 1 pantalla para siempre. Subes a Pro (19 €) cuando quieras Google Calendar y override 1-clic. Network (199 €) si tienes varias sedes con horarios distintos.
- Horario semanal básico
- Estado abierto/cerrado
- Marca de agua Digisini
- Calendario anual festivos
- Vacaciones programadas
- Sin marca de agua
- Sync Google Calendar / iCal
- Override 1-clic emergencia
- Horarios complejos turno doble
- Multi-zona (escaparate + interior)
- Permisos por usuario
- Sub-cuentas por zona
- Soporte prioritario
- Horario distinto por sede
- Festivos locales por ciudad
- Panel multi-local
- Soporte dedicado
- API horarios a medida
- SLA personalizado
- Account manager
Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes
Un horario equivocado en la puerta
hace más daño que no tener ninguno
Quien llega y encuentra cerrado con el cartel diciendo que estaba abierto no vuelve a fiarse de ese cartel. Y no solo de ese: deja de fiarse de la puerta entera, y a partir de ahí comprueba en el móvil antes de acercarse — que es exactamente lo que no quieres.
El problema no es escribir el horario: es que el horario real tiene excepciones y el cartel impreso no. Las tres que más se repiten:
- Los festivos locales. No los nacionales, que todo el mundo sabe: el patrón del barrio, la feria, el puente que solo aplica en tu comunidad. Son los días en que más gente busca «¿está abierto?» y en los que menos negocios lo dicen.
- El cambio de temporada. El horario de verano se pone en junio y se quita en octubre, y en la práctica se pone tarde y se quita más tarde todavía.
- El cierre imprevisto. Una hora, una tarde, un día. Es el caso en que la información vale más y en el que un cartel impreso no puede llegar a tiempo por definición.
La diferencia práctica de una pantalla aquí no es que se vea mejor: es que el horario se puede programar con sus excepciones de una vez y para todo el año. Los festivos son fechas públicas, el cambio de temporada tiene día, y las dos cosas se cargan en media hora en enero. A partir de ahí el escaparate está bien sin que nadie se acuerde.
Hay un detalle que decide si esto sirve o no, y es de sitio y no de contenido: tiene que leerse con la persiana bajada. La mitad de las consultas de horario ocurren cuando el negocio está cerrado — es entonces cuando la gente pasa y se pregunta a qué hora abre. Un panel visible solo desde dentro responde a quien ya no necesita la respuesta.
Empieza por lo más aburrido: carga los festivos del año que viene. Es la única parte de esto que se hace una vez, no se toca nunca más y evita la situación que de verdad cuesta clientes — alguien delante de una puerta cerrada que decía estar abierta.
«Abrimos algunos domingos»
es peor que no abrir ninguno
Porque convierte cada domingo en una apuesta, y el cliente deja de apostar mucho antes de lo que crees. Bastan dos veces para que la conclusión sea «los domingos no me fío», y esa conclusión se lleva por delante también los domingos en que sí estabas abierto.
Y detrás hay una frontera invisible que el cliente no puede ver ni deducir. Los horarios comerciales los regula cada comunidad autónoma, que publica su calendario anual de domingos y festivos autorizados; además, los establecimientos por debajo de cierta superficie y que no pertenecen a un grupo de distribución tienen libertad de horarios, y dentro de una zona de gran afluencia turística también. El resultado es que en la misma calle una tienda puede abrir todos los domingos y la de enfrente no, sin que ninguna de las dos haya hecho nada raro. El cliente no ve la regla: ve dos persianas y saca la conclusión que puede sacar, que es que una tiene ganas de trabajar y la otra no.
La salida no es explicar la norma, es publicar las fechas. Diez, doce o dieciséis domingos al año son diez, doce o dieciséis líneas que se saben en enero. Escribir «abrimos el 7 y el 21 de diciembre» ocupa lo mismo que «abrimos algunos domingos» y hace exactamente lo contrario: convierte una duda permanente en dos días concretos que alguien puede apuntarse. Y si el calendario cambia a mitad de año, cambia una línea — que es justo lo que un cartel impreso no permite y por lo que acaba habiendo un folio con celo encima.
El domingo, además, es el día en que la puerta es la única fuente. El resto de la semana el cliente infiere: si abres a las nueve el martes, abrirás a las nueve el miércoles. El domingo no se infiere de nada, porque no depende de tu costumbre sino de un calendario que él no ha visto. Es el único día que hay que decir entero —a qué hora abres y a qué hora cierras— y es, curiosamente, el que más carteles resumen con una palabra.
Y hay un detalle que vale para los dos lados de la frontera: quien está autorizado a abrir no está obligado. Muchos negocios eligen no abrir algunos de los domingos que podrían, por plantilla o por temporada, y eso es perfectamente razonable — pero es indistinguible desde fuera de estar prohibido. Decir «este domingo cerramos, el siguiente abrimos de 11 a 15» no es dar explicaciones: es la única manera de que el cliente sepa que hay alguien decidiendo, y de que vuelva el domingo bueno.
Con franqueza: nosotros mostramos el horario que pongas y no conocemos ni tu superficie, ni tu comunidad, ni si estás dentro de una zona declarada. Qué te aplica exactamente lo resuelven tu ayuntamiento, tu comunidad autónoma o tu asociación de comerciantes — aquí lo único que importa es que esas fechas existen, se saben con un año de antelación y casi nadie las escribe donde se leen.
Medio abierto, sin avisar,
hace más daño que cerrado
Un día de horario reducido que nadie anunció produce la peor de las situaciones posibles: alguien que fue, se encontró la puerta cerrada a las cinco de la tarde, y se va convencido de que ese negocio abre cuando le apetece. Cerrado del todo, al menos, se entiende a la primera.
Es una pérdida que no deja rastro
Esa persona no llama para quejarse ni vuelve a preguntar: anota mentalmente que no se puede contar con ese sitio y va a otro. El negocio, mientras tanto, tuvo un día flojo y lo atribuye a la época. Es el mismo mecanismo por el que los horarios mal comunicados se corrigen tan tarde: el error no se manifiesta como un error, se manifiesta como un mes normal.
La jornada intensiva se sabe en mayo y se anuncia en julio
El cambio de horario de verano está decidido semanas antes y suele comunicarse el mismo día que empieza, cuando ya no le sirve a nadie. Las dos semanas anteriores son justo las que importan, porque es cuando la gente organiza sus recados de julio — y la única superficie que puede llevar «desde el 1 de julio, cerramos a las 15:00» sin gastar nada ni ensuciar la puerta es la que ya está encendida.
El cambio de vuelta es el que se olvida siempre
Todo el mundo se acuerda de empezar el horario de verano y casi nadie de terminarlo. Durante las dos primeras semanas de septiembre, la puerta dice una cosa y el negocio hace otra, que es exactamente la situación que se quería evitar en julio. Un aviso puesto tiene fecha de caducidad igual que una promoción, y quitarlo forma parte de ponerlo — con la diferencia de que aquí lo que caduca no es una oferta, es la información básica del sitio.
Quien pregunta no es quien pasa
Esos días también suena el teléfono, y quien contesta improvisa una respuesta que casi nunca coincide palabra por palabra con la del cartel. Merece la pena escribir la frase una vez —la fecha, la hora y hasta cuándo— y que sea la misma en la puerta, en la pantalla y en la boca de quien coge el teléfono. Tres canales diciendo lo mismo no es burocracia: es la diferencia entre un negocio que cambia de horario y uno que parece desorganizado.
Lo que más nos
preguntan
El horario lo configuras
una vez. La pantalla
hace el resto del año.
Primera pantalla gratis para siempre. Sin tarjeta de crédito. Sin instaladores. Sin reimprimir.
Empezar gratis14 días de prueba en planes de pago · Cancela cuando quieras
Llévate el botón en tu email
Te mandamos el link de 1 clic para crear tu cuenta cuando quieras. Sin password, sin tarjeta, sin compromiso. Tu primera pantalla GRATIS para siempre.
Sin spam. Te llega el link y ya — tú decides cuándo entras.