El café con leche y la tostada del día,
en la pantalla del mostrador
El cliente llega, mira la pantalla y pide. Ve el café de origen Etiopía, la tostada de aguacate del día y los alérgenos sin preguntar. En vez de una carta impresa que caduca cada semana, la pantalla sobre la barra enseña lo que hay ahora. Tú cambias cuando se acaba el café de temporada.
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2,80€ · tostada aguacate 4,50€ · café origen Etiopía
Lo que muestras en pantalla
desde el primer día
Plantillas listas para coffee shop de especialidad y para cafetería de barrio con desayunos.
Carta de especialidad con precios y origen
El café con leche, el cappuccino, el café de origen Etiopía de temporada, la tostada del día y la bollería, cada uno con su precio. Cuando se acaba el café de Colombia o la napolitana de crema, lo marcas desde el móvil y la pantalla se actualiza en 2-3 segundos. Nadie pregunta por algo que ya no hay.
Desayunos y meriendas por hora
Por la mañana el combo café + tostada + zumo por 4,50 €, a media tarde la merienda con bollería y café, y al cierre lo del día con descuento para no tirar producto. La pantalla cambia sola a la hora que marques. Subes el ticket medio y aprovechas las horas valle entre servicio.
Alérgenos, origen del café y tienda de grano
La información de alérgenos visible (leche, gluten, frutos secos), el origen del café de especialidad con nota de cata y el grano envasado para llevar con QR para comprar. El cliente celíaco encuentra su opción sin preguntar, y el aficionado al café se lleva el grano a casa. Cumples con la normativa de alérgenos sin esfuerzo.
Fidelidad, eventos y reseñas
La tarjeta de sellos digital (el 7º café gratis), el café del mes con cata guiada, los talleres de latte art y tus reseñas de Google. Fidelizas a los clientes sin app, llenas los talleres en horas muertas y conviertes a los de paso en regulares.
El plan que necesita
tu cafetería
Coffee shop pequeño con 1 pantalla sobre la barra: Starter 9€/mes. Cafetería con pantalla de barra + escaparate: Pro 19€/mes (3 pantallas, el más popular). Cafetería con varias zonas y terraza: Business 59€/mes. Cadena de cafeterías multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.
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Qué pantalla
en cada punto de la cafetería
En una cafetería de especialidad no basta con la carta: el origen del café justifica el precio y los combos llenan las horas flojas.
Mostrador y barra
La carta con el café con leche, el cappuccino, el flat white y los combos por hora, con precio. Es lo que mira el cliente mientras espera su café; ahí es donde se pide el dulce de más o se sube del café solo al de especialidad.
Escaparate
El café de origen del mes —el Etiopía de temporada, su nota de cata— para captar al que pasa y distinguirte de la franquicia de la esquina. El aroma atrae, pero es la pantalla la que dice que aquí el café es de verdad.
Zona de mesas
La merienda con bollería, el café del mes con cata guiada, el taller de latte art y los eventos. El cliente sentado se entera de que hay una cata el jueves y vuelve. Aquí también va la tarjeta de sellos digital, el 7º café gratis.
Estante de grano
La tienda de café: el grano a la venta, los métodos (V60, prensa, aeropress) y la molienda. Convierte al cliente de barra en cliente de tienda —el que se lleva a casa el café que le gustó— sin que el camarero tenga que vender nada.

El café de especialidad
se vende contando su historia
Una cafetería de especialidad no compite en precio con la franquicia: compite con el origen, la fidelización y la venta de grano para casa.
El origen justifica el precio. Un flat white de 2,80€ frente al café aguado de 1,20€ de la máquina no se explica con la etiqueta, se explica con el Etiopía lavado, su nota a frutos rojos y el tueste de la semana. Contarlo en pantalla convierte "es más caro" en "es mejor", y ese es todo el juego del café de especialidad.
Los combos por franja llenan las horas flojas. El combo de desayuno de las 8, la merienda de las 18. Programados por hora, la pantalla los enseña solos en el momento en que el cliente decide si entra o sigue de largo. La franja de media tarde, muerta en muchas cafeterías, se llena con la merienda bien puesta.
La fidelización y la venta de grano son tu margen. La tarjeta de sellos digital (el 7º café gratis) retiene sin plásticos ni sellos de tampón, y el grano a la venta convierte al cliente de barra en cliente de tienda —el que se lleva a casa el café que probó—. Dos ingresos que la franquicia de al lado no te disputa.
Con franqueza: no somos TPV ni sistema de comandas. La pantalla es la carta, el escaparate y la tienda de grano; el pedido y el cobro siguen en tu terminal de siempre. Digisini es la capa de pantalla que cuenta tu café y sube el ticket.
«¿Me cobras el vaso?»
Sí, y no es una decisión de la casa: es una obligación desde 2023
Cobrar aparte el vaso de un solo uso no es una idea del local para redondear la cuenta: la ley obliga a ponerle precio a cada envase desechable y a que ese precio se vea, separado, en el ticket. El problema es que nadie se lo ha explicado al cliente, así que la primera vez que aparece esa línea de veinte céntimos la conversación empieza torcida — y la persona que tiene que sostenerla es la que está sirviendo, no la que hizo la norma.
Una línea escrita donde se pide cambia el tono entero de esa conversación. Decir qué cuesta el vaso, por qué se cobra y que traer el propio evita el cargo convierte un cobro que parece arbitrario en una regla que el cliente puede aprovechar. Y quien lo lee mientras espera vuelve al día siguiente con su vaso, que es exactamente lo que la norma buscaba — con la diferencia de que ahora el local aparece como quien lo explica y no como quien lo cobra a traición.
La otra mitad de la misma ley es la que casi ningún cliente sabe que tiene, y la que más miedo da anunciar: el agua del grifo es gratis. Los establecimientos de hostelería están obligados a ofrecer agua no envasada sin coste. El temor evidente es que anunciarlo hunda la venta de botellas, y en la práctica no es lo que pasa: quien iba a pedir una botella la sigue pidiendo, y quien solo quería un vaso de agua lo pedía igual, pero con el gesto incómodo de quien cree que está abusando. Escribirlo elimina esa incomodidad de la sala, y de paso adelanta la única conversación que sí se pierde entera: la del cliente que pregunta, recibe un no dudoso y no vuelve.
Hay un tercer detalle práctico que solo se ve desde detrás de la barra. Los dos avisos anteriores se dan hoy de viva voz, cada uno unas cuantas veces al día, casi siempre a la vez que se prepara algo caliente y con alguien esperando detrás. No es tiempo perdido en abstracto: es tiempo que sale directamente del ritmo del servicio a la hora punta, que es la única hora en la que el ritmo importa. Cuatro líneas en una pantalla no atienden a nadie, pero devuelven al mostrador los tres o cuatro minutos que esas explicaciones se llevan cada mañana.
Con toda honestidad: esto no es asesoramiento legal, las normas cambian y lo que se anuncia lo decides tú — la pantalla enseña lo que tú cargas. Lo que te quitamos es tener que acordarte: cambiar el precio del vaso es una línea, y aparece en todas las pantallas a la vez.
Dudas comunes
de cafeteros y baristas
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