El pistacho y la stracciatella,
en la pantalla del mostrador
El cliente entra, mira los sabores del día en la pantalla y pide el cucurucho sin esperar a que le digan lo que hay. En vez de la pizarra de rotulador que se borra con el calor, la pantalla enseña los sabores disponibles, los topping y los combos de temporada. Tú marcas el pistacho agotado desde el móvil.
Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta · Offline 48 h
cucurucho +2 bolas 5€ · granizado limón · sorbete mango
Lo que muestras en pantalla
desde el primer día
Plantillas listas para heladería artesanal de barrio y para gelatería con obrador propio.
Carta de sabores con precios y alérgenos
Los sabores del día (pistacho, stracciatella, chocolate belga, fresa, sorbete de limón), los cucuruchos y las tarrinas con topping, los granizados del mes. Cuando se acaba un sabor artesanal, lo marcas desde el móvil y la pantalla se actualiza en 2-3 segundos. El cliente ve lo que hay sin esperar.
Combos y promociones por temporada
En verano el combo granizado + helado, el menú infantil (helado + topping + galleta) y el bollo preñao de helado. Cuando cambia la temporada, actualizas la carta desde el móvil y las pantallas se actualizan solas. Subes el ticket medio con combos que no requieren pensar.
Alérgenos, proceso artesanal y venta para llevar
La información de alérgenos bien visible (lácteos, frutos secos, gluten, huevo), el sello de helado artesanal con ingredientes naturales y los envases de 500 g y 1 L para llevar con QR para encargar. El cliente celíaco encuentra su sorbete sin preguntar. Cumples con la normativa de alérgenos sin esfuerzo.
Sabor del mes, eventos y reseñas
El sabor destacado del mes con foto, los talleres de elaboración de helado artesanal, las catas y tus reseñas de Google con fotos de clientes. Fidelizas sin app, llenas los talleres y conviertes a los de paso en clientes de toda la vida.
El plan que necesita
tu heladería
Heladería pequeña con 1 pantalla sobre el mostrador: Starter 9€/mes. Heladería con pantalla de mostrador + escaparate + terraza: Pro 19€/mes (3 pantallas, el más popular). Heladería con varias zonas y obrador: Business 59€/mes. Cadena de heladerías multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.
Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes
Dónde va la pantalla
en la heladería
Una heladería vive del verano, del sabor del mes y de lo artesanal. Cada pantalla trabaja una de las tres.
Mostrador y vitrina
La carta de sabores del día —pistacho, stracciatella, chocolate belga, sorbete de limón— con precio y alérgenos. El cliente elige mientras mira la vitrina, y una carta clara agiliza la cola en plena ola de calor.
Escaparate
El combo de verano, el sabor del mes con foto y la tarta helada, para captar al que pasa con calor. En una heladería el impulso lo es todo; el escaparate que enseña el granizado a las cuatro de la tarde hace entrar al que solo pasaba.
Zona de para llevar
Las tarrinas, las tartas heladas por encargo y los packs para casa. Es el ticket alto que se pierde si no se ve: el cliente que venía a por un cucurucho se lleva la tarrina familiar porque la ha visto en pantalla.
Zona de mesas
El proceso artesanal, el sabor del mes destacado, los talleres de elaboración y tus reseñas. Contar que tu helado es artesanal —y cómo se hace— es lo que te separa de la vitrina industrial de la esquina.

Capta la ola de calor,
y cobra por lo artesanal
Una heladería concentra el año en unos meses y compite con la industrial. La pantalla capta la temporada y pone en valor lo artesanal.
El verano es el año entero en unos meses. De mayo a septiembre se juega casi toda la caja, y la venta es de impulso puro. Un escaparate que enseña el combo de granizado y helado en la ola de calor de la tarde capta al que pasa justo cuando el cuerpo le pide un helado. Cambias la promo por franja y por temperatura sin repintar la pizarra cada día.
A las seis de la tarde la pizarra miente, y lo ve toda la cola. Tres cubetas están vacías, otra lleva una hora saliendo de la mantecadora, y la lista impresa sigue prometiendo exactamente lo mismo que a las diez. Lo que viene después es el peor minuto del turno: alguien pide el que se ha acabado, y el que despacha dice que no con nueve personas detrás. La pizarra en pantalla se corrige desde el mostrador según se vacía la cubeta — tachado, o fuera. Nadie hace once minutos de cola por algo que no puede llevarse, y al niño de delante no se le dice que no justo en el momento en que ya se había decidido.
El para llevar es el ticket que se escapa. El cliente que entra a por un cucurucho de 3€ se lleva la tarrina familiar de 12€ o encarga la tarta helada si la ve. Las tartas heladas y las tarrinas para casa son el ticket alto de una heladería, y se pierden cuando no están a la vista; la pantalla las pone delante en el momento del antojo.
Con franqueza: no somos TPV ni sistema de comandas. La pantalla es la carta, el escaparate y la vitrina de para llevar; el pedido y el cobro siguen en tu terminal. Digisini es la capa de pantalla que capta la temporada y pone en valor tu helado.
El alérgeno no está en la cubeta
está en la espátula que ha pasado por las doce anteriores
Es la particularidad de este oficio y la que menos se explica: el problema no suele ser el ingrediente de un sabor, sino el contacto entre sabores. Un padre con un niño alérgico lo sabe perfectamente, mira la vitrina, no pregunta —porque preguntar delante de la cola es incómodo y la respuesta suele ser un «creo que no»— y se va a otro sitio. Y si encuentra un sitio que lo resuelve, ya no lo cambia en diez años.
Lo que hay que escribir no es una declaración: es el método. Si hay espátula por cubeta o agua entre servicio y servicio, si las cubetas con frutos secos van separadas o tapadas, si existen tarrinas cerradas preparadas aparte, y a quién hay que pedírselo. Es una respuesta operativa a una pregunta que nadie formula, y por eso funciona: quien la necesita la está buscando con los ojos, no con la boca.
Y el mismo cartel resuelve la otra mitad, que es de vocabulario. «Sin lactosa» y «sin leche» no son lo mismo, «vegano» no significa sin frutos secos, y «sin gluten» en una heladería depende tanto del cono como del helado. Esas cuatro precisiones caben en cuatro líneas y hoy suelen estar en una pegatina escrita a mano encima del cristal, que es donde el cliente ya ha dejado de mirar.
Hay además una razón comercial que no tiene nada de sentimental: esa familia decide por todo el grupo. Cuando hay un niño con alergia, la heladería la elige él sin decirlo — y con él van sus padres, sus abuelos, sus primos y los amigos de su cumpleaños. Es el cliente que más veces al año entra por la puerta con más gente detrás, y se gana con información, no con una carta más grande.
Y en verano cabe una segunda cosa que también se pregunta y tampoco está escrita: qué hay hoy. Los sabores rotan, alguno se acaba a las siete, y la cola avanza mirando la vitrina de lado. Un listado legible desde tres metros —con lo que se ha acabado tachado, no escondido— evita la mitad de las preguntas y hace que la cola avance, que en agosto es literalmente el límite de lo que se puede vender.
Con franqueza: nosotros mostramos lo que subes y no sabemos qué lleva tu helado. Qué información hay que dar sobre alérgenos y cómo lo resuelven la normativa y tu asesoría — aquí lo único que sostenemos es que en este oficio el riesgo está en el contacto y no en la receta, que quien lo necesita no lo va a preguntar, y que explicar el método es lo que convierte una duda en un cliente de diez años.
Agosto, once de la noche,
veinte personas en la acera
En el paseo marítimo la cola de la heladería sale a la calle y se mezcla con la de la terraza de al lado. Nadie sabe dónde acaba.
23:00, la cola llega a la farola. Familias con niños cansados, una pareja que no sabe si eso es la cola, y alguien que se cuela con toda la inocencia del mundo. Con el QR en la puerta y en la cristalera, cada uno coge número al llegar y la acera deja de ser una discusión.
Los niños, al columpio. Quien tiene catorce delante lo ve en su móvil, igual que una espera aproximada cuando ya llevas un rato despachando, y se va al banco del paseo en lugar de quedarse de pie. Cuando le toca, el teléfono se pone en verde, vibra y suena. Dentro, la tele saca «A-112 → Mostrador» con un «ding-dong» y al lado los sabores del día, con los agotados tachados.
Dos personas en la vitrina, una cola. Cada una llama desde su móvil con su puesto. Quien no lleva teléfono pide número en el mostrador. Todo, en turnos con QR para tu heladería.
Con franqueza: la tele de dentro no se ve desde el paseo: quien espera fuera depende de su teléfono, y si lo bloquea no se entera. Si despachas en un minuto, el número sobra; sirve cuando la cola sale a la calle.
Dudas comunes
de heladeros artesanos
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