La carta, el menú del día y los alérgenos,
en las pantallas del restaurante
Un restaurante cambia el menú del día cada jornada, la carta cada temporada, las ofertas del finde y necesita mostrar alérgenos por norma (RD 126/2015). Reimprimir pizarras y láminas plastificadas es lento y caro, y siempre llegas tarde a la subida del precio del cordero o a la sugerencia del chef. Con Digisini cambias el menú del día, los alérgenos y las ofertas desde el móvil en segundos — fachada, comedor y barra al unísono.
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Entrada · Principal · Postre · Pan · Bebida · Café · Alérgenos visibles
Lo que muestras en pantalla
desde el primer día
Plantillas listas para restaurante de menú del día, à la carta, gastrobar y asador.
Carta y menú del día
Entradas, principales, postres, sugerencias del chef, vinos por copa y precios siempre actualizados. Cuando cambias el precio del cordero o añades la sugerencia del día, lo actualizas desde el móvil y la pantalla del comedor lo refleja en 2-3 segundos. Sin imprenta, sin esperas, sin láminas plastificadas caducadas.
Alérgenos visibles por plato
Los 14 alérgenos del Reglamento UE 1169/2011 por cada plato: gluten, lácteos, huevo, pescado, marisco, frutos secos, soja, apio, mostaza, sésamo, sulfitos, altramuces, moluscos y cacahuetes. Cuando cambia una receta o el proveedor de un ingrediente, actualizas desde el móvil. Cumples con el RD 126/2015 sin esfuerzo y tus clientes con alergias confían en tu carta.
Ofertas y franjas horarias
Menú mediodía y cena, brunch, ofertas de finde, eventos especiales como Navidad, San Valentín o el día de la madre, y promociones por franja horaria. La pantalla cambia sola a la hora que marques. Aprovechas las horas valle, llenas mesas en momentos muertos y no dejas escapar ninguna oportunidad de venta.
Operativa de sala
Horarios de apertura, reservas con QR que lleva a tu plataforma de reservas online, zonas diferenciadas (terraza, comedor, barra), información de parking y celebraciones de cumpleaños y eventos privados. Tu sala comunica sola mientras el equipo se centra en el servicio.
El plan que necesita
tu restaurante
Barra o restaurante pequeño con 1 pantalla: Starter 9€/mes. Restaurante con comedor y terraza: Pro 19€/mes (3 pantallas, el más popular). Red de restaurantes o multi-zona: Business 59€/mes. Cadena multisede: Network 199€/mes. Todos con 14 días de prueba sin tarjeta.
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Dónde va la pantalla
en el restaurante
Un restaurante capta con el menú del día y sube el ticket con la sugerencia. Cada pantalla trabaja una parte del servicio.
Fachada
El menú del día y la carta con precios, para captar al que decide dónde comer. A mediodía, quien pasa por delante elige por lo que ve; una fachada con el menú claro y apetecible lo hace entrar en tu restaurante y no en el de al lado.
Comedor
La carta completa con los 14 alérgenos por plato (Reg. UE 1169/2011), las sugerencias del chef y los postres. El cliente sentado se anima con el postre o la sugerencia que ve en pantalla, y los alérgenos claros cumplen la normativa sin recitarlos.
Barra
Los vinos por copa, el aperitivo y las raciones para compartir. En barra se pide lo que se ve: el vino por copa del día o la ración destacada suben el ticket del que venía solo a por una caña.
Operativa de sala
Los horarios, las franjas —menú de mediodía, cena, brunch, ofertas de finde, eventos de Navidad— y un QR de reservas que lleva a tu plataforma. La pantalla cambia sola de comida a cena sin que toques nada.

«Somos veintidós, ¿qué nos podéis hacer?»
Es la reserva que más deja del año y la que peor se gestiona, siempre por teléfono y siempre a las dos y media
Una comida de empresa, una comunión o una cena de fin de temporada valen por cuatro servicios normales. Y esa conversación empieza casi siempre con una llamada larga en plena hora punta: qué menús hay, cuánto sale por cabeza, si hay opción vegetariana, si se puede pagar por separado, si hace falta señal. Quien contesta está emplatando, y la respuesta sale como puede.
Casi todo eso se puede decidir antes de que suene el teléfono, y en la pared se decide mejor. Dos menús cerrados con su precio por persona, qué incluye cada uno —bebida sí o no es la pregunta que más cambia la cifra—, a partir de cuántos comensales aplica y qué se pide para reservar. Con eso escrito, la llamada deja de ser una negociación y pasa a ser una fecha; y quien la hace ya viene con la cifra aceptada, que es la diferencia entre una consulta y una reserva.
Las dos condiciones que nadie escribe son justamente las que causan los disgustos. La primera: hasta cuándo se puede confirmar el número definitivo — « el número final, 48 horas antes » evita comprar género para veintidós cuando vienen dieciséis. La segunda: qué pasa con la señal si el grupo se cae. No hace falta que sea dura; hace falta que esté puesta, porque una condición leída con quince días de margen se acepta sin más y la misma condición explicada por teléfono el día antes suena a castigo.
Y hay un lector que no está buscando nada de esto y es el más rentable: el cliente que ya está comiendo en tu comedor. La persona a la que le toca organizar la cena de doce compañeros en noviembre no va a buscar en internet: se va a acordar del sitio donde vio, mientras esperaba el segundo plato, que se hacen grupos y por cuánto. Ese aviso no interrumpe a nadie y trabaja durante meses.
Un límite honesto: nosotros no gestionamos reservas ni cobramos señales, y no vamos a fingir lo contrario — para eso hay herramientas específicas y probablemente ya tengas una. Lo que hacemos es que esas seis líneas estén escritas donde se leen y se puedan cambiar cuando subas el precio, que es exactamente el momento en el que un cartel impreso se queda obsoleto y nadie lo baja.
Domingo sin reservas,
la lista de espera en el móvil de cada mesa
Los restaurantes que no reservan —la arrocería de playa, el brunch de moda, el asador del domingo— apuntan los nombres en una libreta junto a la puerta y llaman a gritos.
Domingo, 14:20, doce grupos en la puerta. El encargado apunta «García, 4» en la libreta, y a las tres ya no sabe si los García entraron. Con un QR en la entrada, cada grupo coge número sin dar el teléfono —si activas el nombre, deja «García, 4» y el encargado lo ve en su móvil, nunca en la tele— y se va a tomar algo a la barra o a dar un paseo.
Una cola por tamaño de mesa. Como una mesa de dos no sirve a seis, abres dos colas con su letra y su QR: A para dos o tres, B para cuatro o más. Cuando se libera una mesa, el encargado llama desde su móvil la cola que toca, el teléfono del grupo vibra y suena, y la tele de la entrada saca «B-006 → Terraza» junto al menú del día.
Quien espera ve la cuenta atrás: cuántos grupos tiene delante y, con unas cuantas mesas ya llamadas, una espera aproximada. Es lo que evita que se vayan al de enfrente. Cómo montarlo, en turnos con QR.
Con franqueza: esto no es un sistema de reservas ni guarda teléfonos para mandar un SMS. Si el grupo se aleja con el móvil bloqueado, el aviso no le llega, y la tele de la entrada solo la ve quien está cerca. Para reservar sigue tu plataforma.
Dudas comunes
de restauradores
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