Pantalla de
ofertas flash
con cuenta atrás
Lucía, encargada de Frutería Sol en Sevilla, lanza el flash de las 13:30 desde el móvil mientras atiende caja. La pantalla muestra el countdown y vuelve sola al precio normal a las 14:00. Sin imprenta, sin diseñador, sin volver a pegar carteles.
Primera pantalla gratis para siempre · Sin tarjeta de crédito · Cancela cuando quieras
Seis cosas que hace
esta pantalla
Cada función pensada para encargadas de tienda que lanzan flash desde el móvil entre cliente y cliente.
Flash con cuenta atrás auto-revert
Pones hora fin (14:00) y la pantalla muestra el contador en vivo. A las 14:01 vuelve sola al precio normal. No hay que estar pendiente ni quitar el cartel.
Programa Black Friday con semanas de antelación
Configuras hoy la oferta del 24 de noviembre a las 00:01 hasta el 27 a las 23:59. Se activa y desactiva sola. Igual para rebajas, San Valentín o Día de la Madre.
Multi-tienda con permisos por sede
Plan Network: oferta nacional global más flash local que solo lanza la encargada de cada sede. Cadena de 15 tiendas con identidad común pero precios y stock distintos por barrio.
Comparativa antes/ahora visual
"Antes 1,89 € → 1,29 €" con el precio anterior tachado en pantalla. El cliente ve el descuento real sin tener que calcular, mucho más persuasivo que un porcentaje suelto.
Producto del día rotando 8 s
5 productos en oferta giran cada 8 segundos con foto, precio y ubicación en tienda (Pasillo 3, Estante B). El cliente que entra a por leche se entera del flash del yogur sin que nadie le diga nada.
Override "ya vendido" en 1 clic
Si el flash se vende en 20 minutos pulsas "fin de stock" desde el móvil y la pantalla cambia al instante. Sin tener que esperar la hora de fin programada ni anular la promoción manualmente.
Desde 0 € hasta cadena
de 50 tiendas
Empiezas gratis con 1 pantalla para siempre. Subes a Pro (19 €) cuando quieras programar Black Friday por adelantado. Network (199 €) si tienes varias sedes.
- Flash básico con horario
- 1 contenido a la vez
- Marca de agua Digisini
- Flash + countdown auto-revert
- Sin marca de agua
- Soporte por email
- Programación con antelación
- Override 1-clic fin stock
- Multi-zona (entrada + pasillo)
- 5 horarios por semana
- Permisos por usuario
- Sub-cuentas por zona
- Soporte prioritario
- Oferta global + flash local
- Permisos por sede
- Panel multi-tienda
- Soporte dedicado
- CSV/Sheets a medida
- SLA personalizado
- Account manager
Sin tarjeta · Cancela cuando quieras · Ver todos los planes
Una promoción caducada en el escaparate
enseña a tu clientela a no creerse la siguiente
Es el fallo más común y el más caro, y no ocurre por dejadez: ocurre porque quitar algo deja un hueco, y un hueco pide poner otra cosa. Como poner otra cosa es trabajo, la vieja se queda — y cada día que se queda vale menos que el anterior.
Lo que se pierde no es la venta de esa oferta, es la credibilidad de todas las demás:
- Quien pasa a diario ya sabe que no cambia. A partir de la segunda semana deja de leer ese sitio del escaparate, y lo que pongas después tarda semanas en recuperar la atención.
- Quien entra a preguntar por ella se lleva un no. Es la peor conversación posible en un mostrador: el cliente tiene razón y tú tienes que decirle que no.
- Y el descuento permanente deja de ser un descuento. Se convierte en el precio, con lo cual has bajado la tarifa sin decidirlo.
La solución no es acordarse: es poner la fecha de fin al mismo tiempo que la de inicio. Es un gesto de diez segundos, se hace en el momento en que la promoción se crea —que es cuando alguien está delante del panel— y a partir de ahí desaparece sola. Casi todo lo que falla en este terreno falla por hacerlo en dos momentos distintos.
Queda decidir qué se ve cuando la oferta termina, y ahí la respuesta que funciona es la aburrida: lo que siempre es verdad. Horario, qué haces, el producto que vendes todos los días. No es llamativo, y es exactamente lo que hace que la siguiente promoción destaque cuando llegue.
Mira ahora mismo cuánto lleva puesto lo que hay en tu escaparate. Si no lo sabes de memoria, lleva demasiado — y esa es toda la auditoría que necesita este asunto.
La pantalla hace que cambiar el precio no cueste nada
y ahí está todo el peligro
Un cartel impreso cuesta dinero, un viaje a la imprenta y una tarde. Ese coste es un fastidio y también es un freno: te obliga a decidir si la oferta merece la pena. Cuando cambiar el precio son ocho segundos desde el móvil, el freno ha desaparecido — y la disciplina que daba tiene que venir de otro sitio.
Un flash que se repite deja de ser flash y se convierte en el precio. «Solo los jueves» es una buena frase las tres primeras veces. Ponla cuarenta semanas seguidas y no has promocionado nada: has anunciado que el jueves se paga menos, y le has enseñado a la clientela fiel a comprar justo el día en que menos ingresas. La pantalla no te avisa, porque no tiene memoria y la caja baja despacio.
Y hay una consecuencia dura que casi nadie ve venir: puedes quedarte sin poder anunciar el descuento. Que el «antes» tiene que ser honesto lo sabe todo el mundo. Lo que sabe muy poca gente es que la referencia te la fijan a ti: la ley de comercio minorista exige que el precio anterior anunciado sea el más bajo aplicado en los treinta días previos, no tu tarifa de catálogo. O sea que el flash semanal te reescribe la base solo: después de un mes de jueves a 29 €, tu «antes» son 29 €, y los 40 € con los que comparabas ya no existen a efectos de la norma. La herramienta que hizo gratis el descuento es la que erosiona el número desde el que se medía.
Y hay palabras que no son sinónimos, aunque se usen como si lo fueran. Rebajas, saldos y liquidación son tres figuras distintas con requisitos distintos: las rebajas son para artículos que antes estuvieron a la venta a un precio mayor, los saldos son para género deteriorado o desfasado, y la liquidación está reservada a supuestos tasados —cese, cambio de ramo, obras, fuerza mayor— y hay que anunciarla como lo que es. Un «LIQUIDACIÓN POR CIERRE» en una tienda que no cierra no es una licencia poética. En un cartel esas palabras pasaban por una decisión y una imprenta; en una pantalla se escriben en dos segundos una tarde floja, y por eso el riesgo no ha cambiado de tamaño: ha cambiado de naturaleza al cambiar de soporte.
Y el fondo, que en España tiene nombre propio: vender por debajo de coste está prohibido salvo en los casos que la ley señala. No es una recomendación comercial, es el artículo que trata la venta a pérdida. Cuando bajar el precio costaba una imprenta, nadie llegaba ahí por accidente. Cuando cuesta ocho segundos y se hace a las nueve de la noche de un martes malo, sí. Merece la pena tener el coste real de los cuatro o cinco artículos que sueles poner en oferta apuntado en el mismo sitio donde se crea la promoción.
Con franqueza: nosotros mostramos lo que escribes y lo devolvemos a como estaba a la hora que hayas marcado, y hasta ahí llega. Qué puedes anunciar como precio anterior y cómo se aplican las reglas a tu sector es una pregunta para tu asesoría — no para un proveedor de pantallas.
La promoción más fácil de montar
es casi siempre la que menos aporta
Se rebaja el producto estrella porque es el que todo el mundo reconoce y el que mejor queda en la pantalla. El problema es que esas unidades se iban a vender igual: has pagado un descuento por ventas que ya tenías, y encima parece que la promoción funciona porque se venden muchas.
La cuenta que lo revela cabe en tres números
Unidades de la semana anterior, unidades de la semana de la oferta, y lo que dejas de ganar por unidad. Si las unidades de más no cubren el margen regalado en las que ya vendías, la promoción ha perdido dinero mientras la tienda parecía llena. Es un cálculo de cinco minutos que casi nadie hace, porque el movimiento de caja durante esa semana da una sensación tan clara de éxito que nadie siente la necesidad de comprobarlo.
Lo que sí cambia una decisión
Un descuento solo trabaja cuando mueve a alguien de donde estaba: el segundo producto de la categoría, la referencia nueva que nadie prueba, el hueco de las cinco de la tarde. Ahí la rebaja compra un comportamiento que no existía, y ese comportamiento a veces se queda cuando la oferta termina — que es la única forma en que una promoción deja algo detrás. Sobre el más vendido no deja nada: vuelve exactamente a donde estaba, con una semana de margen menos.
Y el sitio de cada una no es el mismo
La oferta que atrae desde la calle y la que cambia una decisión ya empezada no van en la misma pantalla. En el escaparate solo tiene sentido lo que hace entrar a quien no iba a entrar; en el interior, y sobre todo junto a la caja, lo que añade algo a una compra que ya está en marcha. Poner el mismo mensaje en los dos sitios es la manera más común de gastar dos superficies para hacer un solo trabajo, y encima el más caro de los dos.
Descontar no es la única palanca
Antes de bajar un precio conviene probar lo que no cuesta margen: enseñar el producto que nadie ve, explicar en una línea para qué sirve, o simplemente ponerlo a la altura de los ojos en la franja en que hay gente. Muchas cosas que no se venden no son caras — son invisibles, y eso se arregla con atención y no con dinero. El descuento es la herramienta más rápida y la única que no se puede deshacer sin que se note.
Lo que más nos
preguntan
El próximo flash
lo lanzas desde el móvil.
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